sábado, febrero 06, 2010

Pabellón Bicentenario

6 de febrero de 2010
19.00hs
texto leído para la lectura convocada
por Editorial Entropía
lástima que no vino nadie de la editorial o los de prensa ni los que organizaban, salvo Vanoli
Pensé que porque estaba con el escritor estrella de su editorial iban a venir
salió lindo





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“Hay travestis como en todos lados”, dice el comienzo de mi cuento publicado en Buenos Aires Escala 1:1. ¿Hay travestis en todos lados? A diferencia de éste, el año del Bicentenario, cuando escribí el cuento era un año durante el cual los travestis podían comerciar sexo con cualquier persona de la zona de Palermo, Flores, Constitución y Almagro (por lo menos hasta donde yo sé). Palermo ha cambiado, es cierto, ahora ya no están sobre la calle Oro ni sobre Godoy Cruz. En cambio, de los otros barrios no estoy tan informado. ¿La Plaza Flores sigue siendo un lugar para “transar”? ¿La Avenida Garay? Estoy seguro de que 24 de noviembre o General Urquiza todavía siguen disponibles para este tipo de transacciones.

Si se permiten participar, me gustaría que levantaran la mano aquellos que caminaron alguna vez por estas calles que acabo de mencionar.

Así como el gobierno de Macri intenta modificar la ruta de los colectivos de corta distancia llevándolos a los carriles exclusivos de las avenidas, también ha modificado la ruta de quienes consumen sexo en la Ciudad tratando de reunir las zonas rojas en un solo lugar.
Estos movimientos tienen que ver con que las políticas de los distintos gobiernos (hablo de los nacionales y los municipales) siempre apuntan a lavar la cara de la ciudad que gobiernan. La cara que compran los votantes. Y si hilamos fino, vamos a ver que ya no estamos en los ´80 por lo que los políticos hoy no son políticos ni los votantes tampoco son votantes. Los empresarios venden productos cívicos que cientos de compradores consumen. Ya no tenemos derechos. Y en el medio hay millones de pesos en juego.
Me detengo un segundo.

Quien se permita volver a participar, levante la mano si vino en colectivo.

¿Cuántos de los que usamos el transporte público sentimos que nos respetan los derechos? Pero nos cuentan que nuestros derechos no están más garantizados por el Estado; ahora depende de la buena fe de millonarios empresarios. Y no estigmaticemos pero ¿quién espera que un empresario tenga a bien respetar mis derechos si eso significa una baja en su rentabilidad? No seamos ingenuos.
Entonces tenemos varios temas candentes y constantes. Con Macri, con Ibarra, con Telerman, con Topadora Domínguez, con De La Rúa, con Groso y hasta con Osvaldo Cacciatore (intendente de facto de esta ciudad, un hijo de mil putas con bastantes puntos para recordar: regalar el Viejo Gasómetro, quitarle al Parque Chas el rango de barrio, planear la desaparición de las villas miserias a través de la construcción de villas miseria, entre otras cositas).

Levante la mano a quién le suena.

Escribir, entonces, sobre la ciudad, sus barrios, sus anécdotas, sus historias, sus problemas o sus alegrías, conlleva una gran responsabilidad. O eso me parecía hace 3 años cuando escribí sobre el escondite que policías, travestis y hasta mecánicos de autos compartían en el barrio de Almagro. Me tomé el atrevimiento de hacer lo que estaba a mi alcance para fomentar la preocupación o, por lo menos, la duda o algunas preguntas. Entonces yo, para empezar, me pregunté ¿por qué cuando se habla de Almagro sólo se mencionan cartoneros, inmigrantes ilegales o travestis? ¿Por qué se esconden aquellos que consumen el sexo que ofrecen los travestis si son tantos? ¿Dónde se esconden?

Que levante la mano quién alguna vez pagó por sexo de cualquier índole.

A mi alcance estaba poner la lupa y participar; soy escritor, pienso una historia, la escribo, se publica, alguien la lee y piensa.
¿Y este quién es?, puede ser la primera de varias preguntas que surjan. Es un riesgo muy grande porque, según creo, los lectores se hacen una pregunta sola o todas. O se preguntan ¿Quién carajo te creés que sos?, te cierran el libro y nada más o se preguntan eso mismo y las veinte mil preguntas que tenés ganas de transmitir a través del texto. Entonces, hay un riesgo muy grande de perder lectores pero, como decía mi mamá, no se gana si no se arriesga, no es cierto. Así que participé.
Como estos ciudadanos que recién levantaron la mano. Su posibilidad como votantes es muy reducida ya que un voto no es nada más que un voto (aunque nos digan que un voto es mucho más que un voto). Entonces, ahora pido la participación de aquellos que tengan ganas de participar y expresar una opinión. A mí me llena de orgullo decir que soy afiliado radical pero yo pido

que levanten la mano quienes votaron a Macri. Perfecto. Ahora que la bajen aquellos que se arrepintieron.

Escribir, en general, es participar. Muy pocos lo saben. Muchos otros no quieren asumir ese riesgo. Lo más triste de todo es que, para el gran público, solo somos unos inadaptados sociales que estamos llevando adelante un oficio solo para divertirlos.



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