Mostrando las entradas con la etiqueta Crónicas. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Crónicas. Mostrar todas las entradas

viernes, junio 25, 2010

Así se escribe una crónica

Vía Maxi Beckham



En una ciudad como Lima, con tantísima preocupación por la seguridad –desde pandillas de delincuentes principiantes, pasando por bandas de secuestradores, hasta cárteles de droga con temibles conexiones internacionales–, convencer a un oficial de policía de que debe molestarse en capturar a alguien que vende libros sin autorización no es fácil. Una redada de vendedores ambulantes podría terminar atrapando a diez mil sospechosos y llenando una cárcel, pero ¿qué se lograría con ello? ¿Y, a propósito, dónde van a meter las autoridades a tantísimo presunto criminal, cuando las prisiones en el Perú ya están desbordadas en su capacidad? Para la policía y el sistema judicial, el asunto no es prioritario ni puede serlo en el futuro. Así de simple. La CPL (Cámara Peruana del Libro) logró realizar el operativo por una razón muy simple, que resulta siendo la misma razón por la que no puede realizarlo cada mes: pagó por él.

¿Cuánto cuesta organizar un operativo nocturno en un mercadillo ilegal en el centro de Lima? Villavicencio me mostró el presupuesto, donde todo estaba contemplado al detalle: doce dólares en rotuladores («para poner etiqueta a los paquetes de los libros que se incauten», explicó); cien en candados («en cada puesto que revisábamos, teníamos que romper la cerradura anterior y reemplazarla»); cinco en casetes de vídeo («grabamos todo el operativo, por motivos legales»). La lista seguía. La CPL dejó de lado el mapa que había aportado la policía, y encargó uno propio; pagó por cinta aislante, carpetas, pintura en aerosol, fotocopias y hasta por los chalecos que llevaron los policías durante esa noche. Tuvo que contratar cerrajeros, comprar las bolsas donde se transportaría el material incautado, alquilar su transporte y pagar a los operarios que harían su carga y descarga. Mientras tanto, el punto más caro –el que más me saltó a la vista– fue de mil quinientos soles (casi quinientos dólares), el veinte por ciento del costo de la operación. Estaba bajo el título de «honorarios policiales».

Le pregunté sobre esto a Villavicencio. Me sonrió, incómodo. Aunque quise inducirle a hacerlo, se negó a llamarlo soborno.

─Incentivos─ dijo.

Llámese como se llame, este punto es el reconocimiento de una dura verdad de la cultura local: nada se mueve sin dinero, y es materialmente imposible para un organismo como la CPL acabar con la piratería por sí sola, o aun con la ayuda de la policía, si tiene que pagar todo el tiempo. Hay entidades de gobierno hechas para proteger la propiedad intelectual. Pasan y pasan los años sin que ellos hagan su trabajo. Si se les tiene que pagar para acabar con los libros impresos ilegalmente, por la misma lógica otra persona –los piratas, por ejemplo– les pueden pagar para que no se acabe con ellos.

Pregunté dónde estaban los libros.

─En un almacén del centro de Lima. Todavía los están contando.

─¿Y qué pasará con ellos?

El destino de los libros, me explicó Villavicencio, estaba todavía en disputa: la CPL los quería destruir. El juez quería donarlos a Promolibro, un programa del gobierno con presupuestos míseros que promueve la lectura en áreas de la ciudad de escasos recursos. Dado que, desde cualquier punto de vista, la mayor parte del territorio del país podría describirse como de escasos recursos, el juez arguyó que no era ético destruir los libros, aun siendo pirateados. Para la CPL, era impensable que una entidad del gobierno pudiera hacer uso oficial de libros producidos al margen de la ley. Era el equivalente a condonar la piratería. Habían llegado a un impasse.

Mientras tanto, los libros descansaban en un depósito. Más de un mes después del operativo, la cuenta oficial de la incautación aún no se había publicado. Villavicencio veía el peligro de esta demora. Cuanto más demorase en hacerse pública esta cuenta, más demoraban los libros en destruirse y más probable se hacía el peor de los casos.

─¿Y cuál es el peor de los casos?─ pregunté.

─La mitad de lo decomisado volverá al mercado. Te lo puedo apostar─ respondió.


estos son 3976 caracteres con espacios
una crónica con un total de 54649
autor
*Daniel Alarcón*

jueves, enero 28, 2010

El nuevo Conventillo de Teodoro


Hagamos de cuenta que este blog lo lee mucha gente. Y que las consecuencias de publicar algo acá son generadoras de otras cosas. Hagamos de cuenta. Entonces te cuento que el Conventillo de Teodoro abrió una nueva casa. O, cómo decían por ahí, el Conventillo está en tu corazón. Su nueva ubicación es algo que podría decirse más acorde al reviente que siempre fue. Antes, a una cuadra de la plaza Almagro, tenía cierto "encanto". Ahora, en Valentín Gómez y Sánchez de Bustamante, no. Pero sigue siendo el Conventillo de Teodoro. ¿Cómo se explica eso?
ACTUALIZACIÓN: El bar ahora está ubicado en Humahuaca 3853. Si van, digan que vieron acá la nueva dirección, aclaren de dónde sacaron la info (por si las moscas y para un mínimo de crédito para este humilde blogger)

miércoles, noviembre 25, 2009

Una tarde de té

crónica de una lectura
como en las viejas épocas


Básicamente, escribo por una sola razón: Alejandro Guyot. Porque cuando lo escuché leer dije... este de arriba no se la lleva. Ustedes se preguntarán quién es. Y sí, en el flyer no estaba y yo no lo conocía así que nunca sabremos quién es. O pueden seguir leyendo.
La verdad es que no pude escuchar muy bien su poesía porque al principio no me pareció gran cosa. Sí me pareció que tiene una opinión y no se molesta en pedir permiso para expresarla. En ese sentido, me saco el sombrero. Arrebatados de las ideas hay por todos lados pero uno con los huevos para leer durante 40 minutos su primer libro publicado; no hay tantos. Pero como siempre digo, la culpa no es del chancho; las chicas que organizan el Festi Té pecaron de ingenuas.
O no.
Lo cierto es que el evento, que como todo evento que se precie de tal en esta ciudad de mierda empezó tarde, amenazaba con ser un poco gris ya que la llovizna que se empecinaba en ir y venir sobre las cabezas de los que visitábamos el hermoso patio, cascoteaba las esperanzas de ver un gran público. Sin embargo, el gran público apareció.
Por lo que pude ver, entender, revisar y sopesar, el Festi-Té es un evento para contrarrestar la amargura suicida de los domingos: y lo logra con creces. La gran cantidad de comida, colorida y variada, los diversos gustos de té que se ofrecen, la feria de ropa, el patio acogedor, la presencia de mujeres y hombres realmente hermosos hacen que uno quiera pasar todos los domingos en esa casa. Para mí fue una sorpresa, realmente, ver tantas personas un domingo en Flores, Viva Flores. Y no miento si digo que si ustedes van, la van a pasar muuuy bien.
Eso si no hay un Guyot de por medio.
Al parecer, este buen muchacho es un cantor. A las chicas les gusta porque es rubio, alto y canta tangos no misóginos. Ahora también puede decirse poeta ya que sacó "Brumarios", una serie de poemas que repiten una misma idea todo el tiempo y, por si no quedara claro, tiene imágenes bastante previsibles y de un nivel de lugar común que asombran. Asombran porque nadie lo editó... o porque tal vez, su Excelencia no merecía edición.
No pongo link a su libro porque no lo encuentro pero si pueden revisarlo podrán opinar qué les parece. (update: gracias a la Maga que me pasó el link de Brumarios)
El tipo leyó todo el libro. O casi. De 70 páginas habrá leído 50. En un momento me lo crucé y le dije, "loco, sos un zarpado, te leíste todo el libro". Y me agradeció pensando que era un admirador: no, man, sos un aparato, no daba leer todo el libro. Pero, al parecer, acostumbrado a las hordas de admiradores enajenados, no me registró... sólo se sonrió.



Después estuvo Sherman.
Sherman es un músico. Escribe sus propias canciones y están buenísimas. Tocó muy tarde pero era tarde para mí porque para todos no había noción del tiempo. Eso está bueno del Festi Té; nadie sabe qué hora es. A las chicas se las vio un poco atribuladas, el efecto Guyot no fue fácil de tragar, mucho menos cuando yo les decía, a cada rato, qué aparato tu amigo. Y se enojaban. Pero lo que sí hizo Sherman fue cantarnos con el corazón y la cabeza. Su mini show quedó corto porque eso sí que se disfrutó: todos aplaudiendo, fanáticos pidiéndoles temas, yo grabando con mi celular lo que se podía, muchas sacando fotos. Sus ideas y su forma de expresarlas dejan en evidencia una gran verdad: este chico pronto va a ser masivo. Pero bueno... lamentablemente, chicas, tiene novia. Una hermosa mujer merecedora de un tema muy bueno.
Las letras de Sherman generan la sensación de que uno está echado en un colchón, fumando un porrito y descansando mientras un amigo nos cuenta anécdotas muy divertidas, otra veces tristes pero siempre sinceras. Su tema ecologista, el que le hace "a una ex-novia", el del perro Canción... geniales. Así nomás: ge-nia-les. El mejor, por supuesto, el del mundo del rock y los que saben un montón. TREMENDO MANIFIESTO. Un punch a la mandíbula y desde lejos... porque esa es otra cosa, a Sherman no lo ves venir pero de repente te puso un cross en la mandíbula y ahí estás, reloco buscando de dónde vino la piña.

Desgraciadamente me perdí la lectura de Incardona. Siempre admiré su estirpe al momento de leer. No es performer pero tiene una presencia, una autoridad al momento de contar que uno quisiera escucharlo durante horas. Contate algo, che.

A quien sí escuché, y muy contento, fue a mi amigo personal Ignacio Molina. Me dieron la feliz noticia de que sacará un libro de poesía (¡Oh, no! ¡¡Otro poeta!!). El dice que escribió un libro de poesías porque quiere que lo inviten a lecturas de poetas. Pero él dice eso porque es medio boludo a veces. Porque sus poesías tienen una expresión de ternura, tristeza y densidad que espeluznan (si es que existe semejante palabra). Su poesía es humilde y a la vez clara. Se nota el trazo molinesco. Uno que lo leyó tanto se da más cuenta, obvio. Su libro, "Viajemos juntos en subte a China", saldrá por una nueva editorial, muy pronto, que se llamará Pánico el Pánico. Está a cargo de Marina Gersberg quien también editará su libro por esa editorial y otro más que no recuerdo.

Como ven, cada lectura tiene su lado bueno y su lado Guyot. Pero tampoco exageremos, sólo integra la lista de V.I.P´s de la poesía: los very important pelotudos.

De lo que no queda duda es que el próximo Festi Té (que no será Festi Té pero será Chori Fest) habrá de todo y para todos. Nuevo lugar, nueva movida y cierre de fin de año. Dicen que en Facebook la están rompiendo y también rompen un poco las pelotas con tanto mensaje. Estrategias de márketing. Yo lo único que les critico a las chicas es que abren los mailings en lugar de enviarlos cerrados. Pero bueh, toda acción tiene sus consecuencias y, si son mayorcitas, sabrán aceptarlas.

Repito, cuando se enteren del Chori Fest, hagan una sola cosa: ¡vayan!


*

martes, julio 28, 2009

¿Un clavo saca otro clavo?

Walter Lezcano
hace un emotivo
racconto


El inesperado mes libre me puso introspectivo. Trato de no acostumbrarme a las cosas, que esto que hago no sea un oficio sino mi forma de habitar el mundo. No funcionar con piloto automático. Y una de las maneras que tengo de hacer un mejor laburo es zambullirme en los libros cada vez que puedo. Para tener un sueldo decente que me permita pagar el alquiler de casa y tener algo sobre el plato cada noche tengo que cargarme la mochila de horas, ir de un colegio a otro, agarrar lo que haya. Y eso dificulta el plan de mantener una formación constante, progresiva. Falta tiempo para hacerlo. Así que de golpe tuve una cantidad de horas por delante, guardado en casa, lo cual me puso alegre ya que por fin iba a poder lanzarme sobre algunos textos a los que les tenía ganas desde hace rato. Me esperaban apilados en el piso, al lado de la cama. Ese era un buen plan. Darle y darle a las páginas, pensar en ellas e intentar descifrarlas y desmantelarlas para descubrir sus mecanismos, sus herramientas. Seguir aprendiendo a leer; algo que no termina nunca. Y como tengo un problemita con las cosas que se terminan, me encanta. Esa era la idea. Pero apareció Funes.


miércoles, julio 08, 2009

Feria de San Francisco Solano

No creo en Dios. Pero creo fervientemente en la feria de Solano. Es un verdadero acto de fe ir cada miércoles y sábado a patear y buscar y, en una de esas, encontrar esas páginas que uno tanto busca. Yo busco libros, cada uno con su mambo, pero si vos vas te podés encontrar con cualquier cosa, lo que te imagines. Desde herramientas hasta platos de porcelanas, desde devedés de películas recién estrenadas en el cine hasta piezas ortopédicas. Todo por un precio increíble. La feria en ese sentido también tiene una cualidad religiosa: es generosa. Por unos pocos morlacos la felicidad se materializa en formas impensadas y atractivas. Ahí descubrís aquello que tu corazón te está pidiendo. Por supuesto, eso no lo sabés hasta que lo tenés enfrente. Y agradecés.
Al fondo de Quilmes, en el área oscura y despiadada, se ubica esta maravilla emergente que tuvo ese origen a partir del empobrecimiento de una amplia zona del país que siempre se creyó aristócrata.

Este suelo con nombre de santo se llama San Francisco Solano y es famoso por dos cosas: un alto índice de delitos y Nazarena Vélez. Así es, ella es nuestra máxima contribución al mundo de la cultura. Y esto lo digo sin ironía. En ella se plasman muchas de las obsesiones de nuestro ser nacional: fama injustificada, vacío parlamentario y un buen orto.
La feria nace en la 844, la calle comercial de nuestra floreciente ciudad, y no se sabe donde termina. Cuando aterriza la feria se moviliza el mundo. Los colectivos cambian sus recorridos, los quioscos de los alrededores salvan el mes, la avenida se convierte en peatonal y las veredas se amontonan de seres desesperados.
Cada día se suman nuevos rostros a esta numerosa familia sin patriarca visible. No es una buena noticia. Son esos que se cayeron del piso. Sin seguridad, se mandan a la feria para rescatar unos pesos para ir tirando o tirarlos al quiosco por unas birras. Esto ocurre porque la feria tiene dos sectores bien delimitados, como toda sociedad injusta. Un encanto capitalista. La zona de los poderosos que llega hasta la avenida San Martín. Ellos tienen sus puestos, que lo ven como un local glamoroso, su mercadería tiene dudosa procedencia y se muestra como de primera calidad. Son los que venden ropa, zapatillas, esa onda. Algunos tienen uno o dos empleados para negrearlos bien y, de paso, ponerles fichas a su helado ego. Saben hacer negocios. Los que necesitan cubrirse con telas que den personalidad de vidriera y que tengan algún símbolo del tipo una que sepamos todos la recorren con los ojos desorbitados.
Yo nunca voy a esa parte.
Luego, de San Martín para el otro lado, nace the best zone. Un territorio surrealista marcado por la improvisación y el descontrol. Esos tipos hacen free jazz con lo que consiguen andá a saber dónde. ¿Importa eso? Ni ahí, pero te cuento. Muchos cartonean, otros reciben donaciones y hacen un pasamanos, y los demás roban. Nada que no suceda ahora mismo, por decir algo, en el Abasto Shopping.
Esta dimensión desconocida tiene sus leyes propias y sus visitantes asiduos. Y como es un territorio marcado por la escasez, hay unos pillos que se quieren quedar con las migajas y para repartirlas buscan los mejores postores. La movida viene así: hay gente que para poner un puesto del tamaño de una uña bebé, te cobra. La vereda tiene dueño. Leyes propias. Por Donato Alvarez yendo para Pasco, la feria rodea con sus puestos el asqueroso arroyo. Hace poco se sumó como predio el campo enorme que está en San Martín y Donato. La pobreza acá nao tem fin.
Los buscas de esta parte tiran unos trapos al suelo o despliegan frágiles mesas espontáneas y te exponen la merca. Nunca es nueva (la Ley de la Experiencia). No tiene un precio establecido (La Ley de la Creatividad). Y jamás la repiten (La Ley de la Originalidad). Leyes propias. Una semana te venden ollas Essen y a la otra una silla de ruedas. Con una vieja utilizada de maniquí.
A esa parte la pateo de punta a punta. No soy el único. Yo les veo la jeta y los reconozco a los que no son de las bandas vecinas. Esos baby face muestran la hilacha y pagan más que nosotros, los horrendo face. Se van contentos con las bolsas llenas, pensando que la sacaron barata. Pero fueron empomados como corresponde: con felicidad y predisposición mutua.
Y revisando en cajones viejos y pilas de textos inservibles encontré los mejores libros. De esos grosos que uno los cuida como si fuera una hermana menor. Hoy se reparten en los estantes de mi biblioteca dándole un brillo que no lo hubiese conseguido de otra manera.
La memoria me patea la nuca. Si, conseguí La conjura de los necios de ese necio llamado John Kennedy Toole a dos pesos. Esto fue a hace unos años. Las cosas no cambiaron demasiado. Esta gente te pone esos libros al alcance de la curiosidad y hay que desechar muchos papeles inservibles para hallarlos. Pero están. Hay que arrodillarse, de nuevo lo religioso, y meter mano y, claro, loco, ensuciarse. De esto también se trata la literatura.
La ficción entonces como una frondosa borrachera, un mágico viaje que te pega en un lugar muy difícil de precisar ocurrió ese día que terminé Bajo el volcán del marciano Malcom Lowry. En la feria me lo vendieron a tres pesos porque no tenía las tapas. ¿Y a mi qué carajo me importaba eso? Y cuando encontré a un peso, en un cajón de verduras, La república de Platón, en una edición de Eudeba que tenía un estudio introductorio de más de cien páginas me puse colorado. Nunca pisé una universidad, será eso. Me lo leí en unos meses y todavía lo estoy entendiendo. Pasa, y es parte del género fantástico. Como esas ediciones de Bruguera, las viejas y gloriosas, que me hicieron conocer al finado Ballard, al cuerdo Burroughs, a Stanislaw Lem, a Bradbury. Ah, y Vonnegut, qué experiencia leer Matadero cinco. Entre otros. Cada uno a cuatro pesos.
Y siguen los encuentros, te lo juro.
Hay que ir a la feria de Solano como se va a una catedral devastada y politeísta. Con ganas de creer en imposibles y no calentarse si no aparece nada. La próxima estación puede ser nuestra posibilidad. Está bueno eso. Un lugar donde la esperanza siempre se enciende a la luz del día. No es poco, ¿no?


*

sábado, junio 13, 2009

El Interpretador número 35

sobre la Policía

Uno

–¿Vos venís al casting, también?
–Eh...
–Miralo, puede andar, eh...
–A ver, parate derecho, vení.
–No, es que yo vine...
–Sí, sí... Imaginalo con el pelo cortito...
–Mechi...
–Paralo ahí adelante. ¿Hiciste balance de blancos ya?
–Andá, Luki, andá.
–Ahí va.
–Teneme esto y decí tu nombre a cámara.
–¿Tengo que hacer algo?
–No, no, vos mirame a mí... a ver... esperame un cachito... sí, dale ahí.
–Hola. Mi nombre es Lucas y tengo 24 años.
–Contá qué hiciste.
–Trabajé en varias películas, en su mayoría cortos.
–Mirá a un costado.
–Sí.
–¿Hiciste teatro?
–Sí.
–Bueno, contá.
–Hice teatro con Andrea Garrote, con Gabriel Levy, ahora estoy haciendo con Sergio Boris.
–Ah, Sergio Boris.
–Boris, sí, lo conozco, me suena de una obra muy buena.
–¿Algo del pecado no sé cuánto, era?
–El pecado que no se puede nombrar.
–¡Ese!
–Sí, ese.
–Claro, actuó en esa obra.
–Muy buena.
–Muy.
–Excelente.
–¿Estás grabando?
–No, ya no. Todo bien. Gracias, eh. Te llamamos.
–Gracias, Mercedes. Los está llamando la producción.
–Muchas gracias.
–No, a vos, Lucas.
–Un gusto.



fragmento de El Bonaerense
una crónica sobre la película
de Pablo Trapero


especialmente dedicada a
Mercedes Halfon y Jorge Gómez

[pasen, lean y opinen]



*

miércoles, mayo 20, 2009

Señales . . .

Uno busca lleno de esperanzas
el camino que los sueños
prometieron a sus ansias
sabe que la lucha es cruel y es mucha
pero lucha y se desangra
por la fe que lo empecina...

Uno
E. Santos Discépolo




Martes 19 de mayo de 2009. Noche de lecturas. El sábado pasado me fijé la cantidad de lecturas que había y la ubicación exacta de cada una. También me fijé a cuántas podría ir esa misma noche para tratar de "cubrir" la mayor cantidad posible. Además de tomar cerveza con amigos, voy a conocer poetas que jamás había escuchado nombrar o, en muchos casos, veo a otros tantos escritores que conozco de leerlos pero no personalmente.
Es un buen ejercicio aunque a veces los resultados no siempre son positivos.
Bueh, me fijé en la agendita y en un momento me tuve que decidir. El orden cronológico era el siguiente:
1-Eterna Cadencia (Palermo)
2-Casa de la Lectura (Villa Crespo)
3-Ultra Pop (Retiro)
4-Libario Rok (Villa Crespo)
En un mismo barrio tengo dos lecturas, pensé. Además, por la cantidad de invitados a leer no podía escaparle a "Bajando del blog" en la Casa de la Lectura (sumando a eso que nunca había ido a un Bajando...). Ahí ya me ubiqué. Como el viaje de Palermo a Villa Crespo era una goma, decidí no ir a Eterna Cadencia a pesar de perderme al amigo Diego Arbit. Y al Ciclo Manifiesto le iba a fallar realmente porque empezaba a la misma hora que la lectura en Libario así que una vez ordenado, preparé mis petates, mochilita con libros de la Editorial Funesiana y partí.

La culpa no es del chancho

Por la tarde, el ensayo de Los novios terminó antes de lo que imaginaba así que me alcanzó el tiempo para irme hasta Morena, el bar de Estado de Israel y Corrientes, a tomar una cervecita para entrar en calor. Lindo lugar, siempre atento. La primera vez, me llevaron el amigo Julián Urman y el otro amigo Federico Levín, habitués del lugar. Si pasan una tarde-tardecita-noche por las inmediaciones del local podrán verlos adentro tomando o afuera vociferando, depende la hora.

Me pedí una Vherde que me cobraron 15 points los cuales incluían unas papitas mojadas en detergente y agua. Una experiencia inolvidable que no me sorprendió: este bar tiene esas cosas. Si mal no recuerdo también tiene de las otras; es el mismo lugar dónde estableció las bases la relación de mis amigos Marian y Jorge.
Agarré el Clarín y saqué un par de ideas: uso las noticias para eso, ¿y qué?
Antes de ir al Morena había pasado por la Casa de la Lectura (dos horas antes) y me habían atendido dos señoras a quiénes les pregunté sobre la lectura y me repreguntaron ¿qué es un blog?
"Empezamos mal", pensé.
No fue tan puntual, la cosa. Los carteles anunciaban puntualidad pero ya todos sabemos que es una forma de decir y nada más. Puntual, para esta gente, es cuarenta minutos de atraso. No está mal. Los Mudos ha llegado al fabuloso número de dos horas, con sus minutos y sus segundos.
Hablamos con Ale Mendez, siempre tan elegante, aunque esta vez un poco caiducho; las buenas nuevas nos empatan y el horno no está para bollos. Igual, como siempre, un Duque; de tripas corazón, el pecho a las balas, póngase el casco que la guerra no terminó y recuerde siempre a su familia en caso de que muera en el campo de batalla supo mostrarse optimista porque, al fin y al cabo, son épocas tremebundas que se viven a 10 mil voltios en cada toma.

Me sorprendió ver poca gente. Pero también me sorprendió que faltaran algunos poetas invitados. En la información que me llegó había muchos nombres. Y para colmo decía "y otros" con lo cual asistí con mucha paciencia y terminé impacientado: solo siete poetas. Y el orden fue el siguiente:

1) Alejandro Mendez
está leyendo poemas de un libro nuevo y me quedé con ganas de más. Tiene un no se qué intrigante además de una envidiable calidad de imágenes.

2) Marina Mariasch
ya tiene fecha su nuevo libro y promete bastante. Tiene algo de ingenuidad muy inteligente que me dejó pensando dos o tres veces con un par de versos. Por algún lado me entraba, me desactivaba el reloj y me sumergía en una nube de pensamientos bizarros y profundos de los cuales no puedo disfrutar en éste momento.
(Nota de jeropa: qué bien que le queda el collar de perlas)

3) Nicolás Castro
no conocía ni su nombre ni su poesía. Leyó un poema largo que me cautivó sobremanera. Hay que averiguar más de este chico. De algún lado su cara me suena...

4) Joaquín Valenzuela
Tampoco lo conocía y me gustó una frase de uno de sus poemas: "a mí del corazón me salen papas". Muy buena lectura y, citando a un gran croniquero, diría que fue sólida su performance.

5) Clara Muschietti
Qué decir más que reconocer públicamente que estoy enamorado de su próximo libro "Taquicardia" que saldrá dentro de muy poco. En la puerta, al final de la lectura, había una chica que tenía intenciones de sacar un blog con una frase que escuchó. Y, cual enamorado nuevo, cito una frase que particularmente me cachetea por todos lados:
festejos inaugurales
nosotras
nada

6) Nicolás Domínguez Bedini
al fin encontré un ejemplo para mi pequeña etiqueta, que por ahí no le importa a nadie, pero sí: es uno de los V.I.P. (Very Important Pelotudo) de los cuales vengo hablando hace rato. Lo salvó su amigo músico de quién solo capté su apodo "Mi amigo Gato". El Gato está por editar su primer disco y usa letras de Nicolás. Tiene muy buena voz y toca bárbaro la viola, suavecito; es un mágico el pibe. Lo ayudó la acústica, es cierto; sonó perfecto. Después el VIP se abusó de él y lo invitó a tocar otro tema: un queso total este VIP pero es que los VIP´s son así. Hay que reconocerle que el personaje de looser para explicar cómo escribió cada poema es muy gracioso aunque sus poemas no resistan una segunda lectura. A mí me parecieron medio obvios y se me ocurrió una pregunta; ¿su libro vendrá acompañado por las anécdotas de dónde surgieron los poemas a modo de notas al pie?
Algunos me dijeron que es buen pibe y escribe bien. Yo no me di cuenta.

7) Valeria Meiller
a quien tenía de vista, me sorprendió con el único poema que leyó. Uno largo. No quiso extenderse porque el VIP se había zarpado y no le pareció. Lo suyo fue sutil, sin estridencias. Se reconoció una chica tímida cuando le pregunté a la salida qué le había parecido estar ahí arriba. Le hice un retrato desde la fila 6. No la dibujé bien. Para consolarme digo que el dibujo me salió movido.

La lectura terminó cuando subió Juan Pablo, el chico que organizaba la noche, chiste mediante nos invitó a la próxima aunque no avisó cuándo sería.

Ro-k que te quiero tanto

El amigo Cristian De Nápoli está por presentar en una misma lectura 3 escritores que vienen de Chile y en la puerta nos pusimos a hablar y le conté que iba para otro lugar, súper copante, que tenía que conocer si estaba de scouting de lugares. Cuando entrás ya se huele poesía, le dije.
En un pequeña habitación, a manera de camarín, están metidos los músicos a los cuales ves por una cortina y te llama la atención la tranquilidad, el relajo con el que esperan que llegue su turno. Como es habitual, antes de hacer nada, voy a la barra a saludar a Gerardo y esta vez le comenté mis intenciones de que conociera personalmente a De Nápoli (Gerardo ya lo conocía de leerlo).
Fue un choque de planetas. Con esos dos hay leña para rato.

Hicieron tanda de 4 escritorxs, música, 3 escritorxs y música. Acá no tomé nota (porque estaba más prendido a la fiesta) pero creo que puedo decir el orden de la primera tanda que fue Ana Laura Rivara, Noelia Vera, Griselda García y Juan Pablo Lavagnino. Juani Jacinto fue quien amenizó el interludio acompañado con un bongó muy africano que te hacía sentir en New York (?).
Había un cierto clima festivo, dicharachero y, sin embargo, lograban que se oyera cada frase, la cadencia de los gestos, el aire y la respiración en el invitado. No volaba una mosca cuando leían.
Así da gusto leer.
Porque apenas terminada su lectura se escuchaban risas, comentarios, gritos. Mucha gente, eso también es cierto, que ayudaba al bardo. Mucha gente parada, al fondo, y todas las mesas ocupadas. No es un lugar chico así que estuvo muy bien verlo a punto caramelo.

En la barra del Libario dejé varios libros de la Editorial Funesiana, será nuestro punto de venta en Villa Crespo, solo que estarán disponibles un par de días en la semana. Pronto tendremos más novedades.

En la segunda tanda vinieron Flavia Antiocchi, Inés de Mendoça y Jorge Ignacio Huarte. Estuvieron concisos, certeros. Flavia casi hace un streep que volvió a toda la jauría un poco impertinente.
A esta altura de la noche, ya cansado por el rotundo viaje que me tocaba de vuelta a casa, emprendí la retirada y me puse a pensar un par de cosas que me llamaron la atención.
La Todo Mal Orquesta sonó excelente - mente festiva (en parte gracias al muy buen sonido de Libario).
Y la mejor frase, que repercutió en mi almohada antes de quedar profundamente dormido fue "Hoy no te podés matar". La fiebre porcina de la mala onda, una banda anti - age. Aquí les dejo, para antes de irme, una muestra, dos botón: sitio + videitos.



*

martes, marzo 31, 2009

Un lugar en el mundo

Moreno 2320

[ . . . ]

El ciclo retoma la actividad después del receso estival. La novedad es que se mantienen los sorteos, los premios de hoy son: dos revistas Genios, una bufandita, una lapicera, un lanzaminas, un anotador, otra lapicera y portaminas Renault, varias gorras, un funeskine y dos litros de cerveza. Los premios son una mierda pero sería de idiota no participar de la kermesse: se escriben dos frases y se coloca una en una bolsita, de allí saldrá la frase ganadora; echar el papelito es un camino de ida a la surrealidad. Esta vez las frases deben tener un leit motiv, la frase de Susana: “el que mata tiene que morir”; Funes da una ayudita y sugiere: “el que garcha tiene que acabar”. Parado sobre ese escenario el tipo sigue anunciando: anuncia que lo que vendrá en la noche es la lectura por Jimena Repetto de un texto inspirado en Rocanrol de Sebastián Pandolfelli, anuncia la lectura de Loyds de otro texto que secuela algún libro de la Editorial Funesiana, luego anuncia una nueva sección denominada “catarsis cíclica” -cuya descripción esta cronista no entendió-, y finalmente anuncia, porque este pibe no para de anunciar, que siempre quiso un programa de radio y esta noche lo va a tener.

[ . . . ]

Agustina Paz Frontera escribió la crónica
de la primera fecha de Los Mudos


hace un tiempo que estoy pensando
en los cronistas y creo que empezar
con ella es una muy buena señal

cronistas del mundo
afilad sus lápices

[ completa ]

*

miércoles, marzo 18, 2009

Crónica rápida

de los días densos


Me escapé del trabajo. Porque fue así, me fui de mis cabales, de mis banelcos, y terminé en el Bauen. El Hotel de la amarga burguesía militante o algo así, que puse en Poesía para Gerentes (Editorial Funesiana - 2008). Estoy escribiendo la crónica de lo que fue haber participado en la filmación de El Bonaerense, de Pablo Trapero. Algo nuevo para ese entonces. En el Bauen un café con leche sale 7 points. No vayan. Ni Wi Fi tiene. De todas formas, mi pequeña laptop del ´98, de teclado francés, cortesía del amigo Garcette, de sólo 400 points (precio amigo 300) sin internet ni batería (por lo que necesito un enchufe a mano para que funcione) no se quejó para nada. El word me anda un caño y dos bolsitas.
Así fue. Enchufe y Abdala. Voy 8 páginas a simple espacio y contando. Ya termino. Después vuelvo a la web dos punto cero que estoy armando.
Ando sin celular así que para hablar con mi amada tuve que meterme en un locutorio. En Corrientes y Callao, más precisamente en un locutorio con lotería y tv colgada del techo con las últimas novedades del turf. La porteñidad al palo. Levín dice que voy a disfrutar mi vida sin celular aunque por ahora no le puedo creer. Tampoco veo los beneficios. Estoy más inseguro de todo y no puedo comunicarme como lo hacía antes: por mes mando algo así como 550 mensajes de texto. 550 dividido 30 (siendo 30 los días en un mes - casi siempre) son exactamente 18 coma 3 periódico. Eso mando por día. Personal me ama (o quiero creer sou). Espero que me ame y no me acueste con el precio del arreglo del aparatito. Ya veo que me la clavan en el Torino y voy a caminar chueco unos días.

Primera parada

¿Podés creer que por Corrientes entre el CCC y Callao no hay un solo lugar donde vendan relojes? Y no hablo de un paddle watch aquático full time con levantavidrios eléctrico. No, no. Uno que me dure diez días, ponele, que es lo que tarda el arreglo. Uno de papel maché. Uno más bien tranqui, de colores fucsia, verde fluorescente, azul francia, rosa... Un reloj. El otro día, por ejemplo, por no confiar en la hora de la compu, que estaba mal seguro, y por no tener mi celular en hora, me fui antes del trabajo. 60 minutos antes, para ser exactos. Voy a colgarme un cronómetro del cuello. Uno en hora. Uno puntual. Así de verdad me enajeno hasta las bolas y a la mismísima mierda. Total, vivo en Buenos Aires, como zombie, uno pasa desapercibido.
¿Ves?
¿Por qué no pregunté por un cronómetro
en lugar de un reloj?
Por ahí me decían que sí, que sí tenían.
No hubo primera parada, entonces.

Segunda parada

Puerta del CCC. Lo veo al cantante de Perro Diablo. ¿Qué pasó? ¿Me metí en un tubo y aparecí en La Plata? ¿Caí en una reja floja del subte B y el monstruo del túnel me revoleó hasta la primer diagonal después de Roca-Genocida? No, no. Ahí mismo apareció Burzi al grito de ¡Funes! y me ubicó de vuelta. Era la presentación de Solo Cuentos y el director de la colección, el amigo Juanjo, me contaba de algunas piruetas de los Sesos. Salieron anunciados en todos lados pero llegaron al lugar y nadie sabía nada de... de... ¿qué? ¿Universidad de La Plata? No, no; acá no es.
-Ya sé, papito. Acá va a haber una presentación de 4 libros. ¿Cómo que no hay nadie?
-No sé nada.
Pero, falsa alarma al fin, nos mandaron al segundo subsuelo, ahí mismo donde estaba la obra de Hochman, Sala Solidaridad. Enorme espacio. Me sentía en Harvard escuchando a los doctores en genética explicando por qué la oveja Dolly les había salido torta y no quería PROcrear. Burzi me sorprendió con su calidad en términos de presentador irónico y le pegó por todos lados al viejardo que se la pasaba comparando a los jóvenes autores con muertos escritores de no sé cuánto hace. Y el que me diga que GGM no está muerto que lo piense seiscientas sesenta y seis veces antes de hablar.
Lo cierto es que Marina Arias, Marina Porcelli, Pablo Vinci y el mismísimo Juan José Burzi escucharon atentamente lo breve pero claro que Jorge Paolantino tuvo para decir. Además de leer muy bien, desmenuzó justamente a los cuatro con una autoridad tal que en el Solidaridad no volaba una mosca. Ulises, el platense amigo del cantante de Perro Diablo (parecían hermanos), se despachó con los típicos agradecimientos y nos hizo sentir especiales apoyando el surgimiento de esta nueva colección de cuento en la editorial de la Universidad de La Plata. La sala estaba llena. Había muchas figuritas del rutilante presente literario porteño y más.
Y lo que más me dio gusto es que sea por H o por V (y no estoy siendo blogger, nombrando a gente por la inicial de su nombre - es un decir: preguntale al verdulero qué quiere decir "por H o por V") todos estábamos ahí apoyando al cuento y demostrando, sin violencia ni resentimiento, a puro derroche de talento, humor y generosidad, que la novela puede ser "lo que más vende" pero que el cuento es más importante. Es cuestión de que lean esos libros, son cuatro, alguno podés comprar porque encima salen menos de 30 pesos...
¿Cuánto salen las novedades de novela?
Ah...

Tercera parada

20 horas. A las 20 empezaba el nuevo ciclo Manifiestos, organizado por Diego Erlan y Hernán Vanoli, en un bar por Retiro e imaginé que empezarían puntual. En realidad, pienso que menos yo, todo el mundo empieza puntual. Pero no. Me equivoqué. Salí del CCC a las 20.20 por lo que dije ya fue me tomo un chino. Caminé hasta Uruguay por la vereda impar y en dos cuadras me crucé con Federico Simonetti, el standaper, y a Cristian Di Nápoli, el poeta. El primero hablaba por celular y yo pensé "pobrecito". Pero apenas me saludó se me ocurrió mandar un mensaje de texto a la Molteno diciéndole que me había cruzado con su amigo actor. Un queso, sí. Como los dos estábamos apurados, él hablando por teléfono y yo buscando la esquina para cruzar, nuestro:
-¡Uhhh, mirá quién está ahí!
-Pará un toque... Te quiero mucho, Funes.
-Yo también, Fede.
Y levantamos nuestras manos derecha e izquierda, respectivamente, para alejarnos el uno del otro sin más que una sonrisa de oreja a oreja.
Cristian no me vio. Estaba revisando libros en una librería que me parece de las más fáciles del mundo para robar libros. He metido mano alguna que otra vez pero es tan fácil que no me parece divertido. Un gran ladrón de libros, muy amigo, me ha dicho que el mejor lugar para robar es la librería El Ateneo, por Santa Fe. Es más fácil que pedir la pena de muerte, Funes, me dijo.

En la puerta de Ultra tuve un deja vú. Acá ya estuve, pensé. Pero no se llamaba Ultra. No me puedo acordar ahora cómo se llamaba. Pero sí, yo acá ya estuve.
Entonces, Retiro. Día de San Patricio. 20.30 hs. Llego y Silvestri con su cordial amabilidad me ve entrar:
-¡Funes, puto lindo, saludá!
-Querida...
Estaba con un Tico, María, y otro chico de pañuelo en cuello que también sonaba de otro país pero no me atreví a preguntar de dónde. Me dejaron sentarme con ellos un rato y vieron un par de anotadores. Bien ahí la Silvestri que les contó:
-Chicos, él hace libros, mostrá, Funes, mostrá.
Y el pelotudo de F (ahora sí estoy siendo blogger) no sacó nada de la mochila porque se había olvidado de tener a mano unos librines.

El lugar también estaba lleno y por todos lados brillaban figuritas del ambiente literario porteño y más. De la mano de Vecino y Shalom me acomodé en la barra. Saludamos a Largo y con Ariel compartimos un 2 x 1 de porrón y cuenta nueva: 6 points cada uno. Caro. Pero estamos en Retiro y hoy es San Patricios, aclaraba Vecino, así que todo bien con vos barman; el problema es con el Sistema.
Los chicos, con extremada delicadeza y amabilidad, cuidando cada paso, me arrastraron hasta el fondo. Nos acostamos en un lugar bastante cómodo y nos interrumpió el comienzo del ciclo. Anoté varias cosas. Y hete aquí las notas:

[ Silvestri ] Qué grosso que la primer manifestera sea ella, la primera del ciclo. Tiene siempre muchomuchísimo para decir. Lo hizo largo pero está bien. Le pega a los presentes. No, los escritores no cojen; dicen que. La cara de incomodidad de algunos asistentes ¿Habrá goma, como puse en el blog? Entra Moria, ¿se conocerán? Me hace reír y me hace enojar, eso no está bien. Está bien, duele como la verdad cuando entra. Cuando termine nadie debería aplaudir. Terminó: el aplauso es cerrado. Excelente.

[ Schmidt ] ¡Eh, puto! ¡Le pegás a los ñoquis! ¿Yo qué te hice? Me interpela. Qué bien escribe el guacho. Cobra carísimo pero es un violín. Qué buena imagen! [soy un nabo porque no anoté a qué imagen se refería]. Lo de incendiar Buenos Aires: compro. Compro compro compro. Otro estilo de manifiesto.

[ Cipollini ] ¿De dónde te conozco? ¡Ah, sos Ramona! Claro, de ahí. Precioso ranking de manifiestos:
Puesto nº 9 - A la sociedad industrial y su futuro, septiembre 1965? Kasinky el Unabomber.
Puesto nº 8 - El de un bugboy cubano. Lorenzo García Vega. Diario de un constructor de cajitas.
Puesto nº 7 - Michel Sand? Seguro es francés. Atlas, 1994.
Puesto nº 6 - Perlongher ¿El caribe más argentino? 1991.
No se escucha una mierda, los micrófonos sonaron mal con todos.
Puesto nº 5 - Valerie Solanas. Manifiesto U.M. para el exterminio de los hombres.
Puesto nº 4 - No matar la palabra, no dejarse matar por ella, 1973. Colectivo literario (Lamborghini, Guzmán, etc.)
Puesto nº 3 - Eva García. Estaba bajo los efectos del Alzheimer cuando lo pronunció. El fue testigo. Año 2002.
Puesto nº 2 - ¿Richard Routland? No entiendo. Suena muy mal. Muy.
Puesto nº 1 - Pop marital, año 1966. Delia Cancela y blabla.

[ Villa Diamante ] Explica de qué se tratan los mash ups. Tienen que escuchar esas cosas raras. Están buenas. No suena ningún mash up. Su manifiesto es hablado, no lee. Cuenta por qué toca lo que toca y explica por qué suena lo que suena. Es DJ y cree que es lo más bajo en la escala de "lo musical". ¿Tiene razón?

Termina. El sonido es una garcha. En la mesa charlamos sobre lo bueno que hubiera estado cruzarlos 5 minutos a los manifestores cara a cara porque decían cosas distintas y hasta se cruzaban en un par de cosas. Así sí que hubiera habido goma. No sé cuánto está la birra de litro pero podés prender cuetes al final. Y si da para poner música, el clima está bueno. Es un after office. Hay gatos por doquier. Trae Cat Chow que levantás en pala, man. Además pintó el arrebato.

Me cruzo a Schmidt. Me agradece por linkear su curso. Le digo que está loco, que 250 points es una montonada de guita. Me dice que llenó todos sus cursos y que tiene lista de espera: chupala Funes. Ja. No, chupala, amigo: ¿viste que tenía razón? Tenés que cobrar caro, man. Esa es la pomada. Pero bueh, cada uno decide. Me cuenta de su próximo libro, algo que viene adelantando en TP. Algo leí, muy por arriba, de la mano de Santiago. Cuando lo agarro de lleno, mientras escribo esto, veo que es poderoso. El primero está buenísimo. Leo el resto y me obsesiono. Le quemo la gorra al Enzo Maqueira...

Pero volvamos. Volvamos al final del ciclo Mani-fiesta. Salgo cagando, le prometo a Silvestri que publico su manifiesto dicho esa misma noche y que por ahí linkeo su reseña de Aramburu de Santiago Llach (Editorial Vox - 2008). Saludo a la monada y puerta.

Cuarta parada

Salgo por San Martín hasta Córdoba. Me pierdo un 140. Miro la hora. No tengo hora. Busco el celular. No lo tengo. Me insulto. Voy caminando hasta Florida mientras un florista nos moja con agua a una gorda mala onda en zandalias y a mí. Esperando el bondi me cruzo con toda clase de borrachos. De clase alta, de clase media, de clase 90 y de clase 45. Todo parece muy bizarro. Los coches van muy lento. Gorda mala onda sube al 140 y pienso, pobre, vuelve a su casa con el olor a birra de los borrachos del Salón y le gustaría quedarse. No. No sé si le gustaría quedarse. El bondero me insiste que pague el boleto. Pago. Miro la hora en el papelito: 22.24. No es tan tarde. El ciclo Sapito empieza esta noche y arranca a las 21 según el volador. Pero también deben ser puntuales, digo desde la costra más blandita de mi cerebro. Puede ser. No voy a comer ahí porque me rompen el Torino. Bajo antes y listo. Como un che-gu-sán. Entro a uno que tiene varios de diversos colores. Al fondo se puede fumar y tienen mesitas. Hay una pantalla plana así que entro y veo quién juega. No lo puedo creer.

NO lo puedo creer. NO lo puedo creer. NO lo puedo creer. NO lo puedo creer. NO lo puedo creer. NO lo puedo creer. NO lo puedo creer. NO lo puedo creer. NO lo puedo creer. NO lo puedo creer. NO lo puedo creer. NO lo puedo creer. NO lo puedo creer. NO lo puedo creer. NO lo puedo creer. NO lo puedo creer. NO lo puedo creer. NO lo puedo creer. NO lo puedo creer. NO lo puedo creer. NO lo puedo creer. NO lo puedo creer. NO lo puedo creer. NO lo puedo creer. NO lo puedo creer.

Está jugando Nueva Chicago. El club de mis amores. Contra Flandria. Partido televisado. De local en Mataderos la platea le grita ♪♪que se vayan todos ♪♪ que no quede ♪♪ uno solo ♪♪ a los barrabravas del club de mis amores. Puta clase media alta que insulta a los pobre paqueros adictos a la violencia. Pienso cómo puede ser. En qué tongo andan estos pibes. Basta de violencia, chicos. Violencia es mentir, recuerdo y me callo. No digo ni muzza. A ver si cambian de canal. Me hago el atento y sigo mirando. Chicago gana 3 a 2. El partido va y viene. 24 minutos del segundo tiempo. Estoy con el Torino chorreando aceite. Miedo. Miedo. Gran jugada de Oreja. Qué nombre. Oreja la roba y se la deja servida a Pepe que va hasta el fondo y tira el centro después de arrastrar dos defensores. Gigena, Gigena el grande tira una tijerita. La agarra de lleno. Hermoso. Va derecho el arquero ni la ve. Gol. Gol.
Golazo.
Gol, carajo.
¡¡¡¡Gooool, carajo, vamos Chicago viejo y peludo nomás!!!!

Eso último lo grito y miro al dueño. El dueño está con los ojos llorosos. Feliz. Un pibe dice: ¡mirá qué orto! ¡¡Los únicos dos hinchas de Chicago de la Capital Federal!! ¡Aguante Temperley, putos!

El partido termina. Prometo volver y le doy la mano feliz: Chicago 5 - Flandria 2. Segundos en el torneo a 4 puntos. Qué más.

Qué más

Estudiantes de Bahía Blanca, mi nueva obsesión bahiense, le gana, mientras yo camino hacia Libario, 85 - 73 a El Nacional Monte Hermoso (el clásico rival) y lo condena a pelear el descenso. Y pensar que este año Estudiantes arrancó diciendo que por ahí no jugaba nunca más. O por ahí descendía. Que de la mano del querido Tromba, todos la vuelta vamos a dar.

Quinta y última parada

Llego a Libario Rok y la barra está en otro lado. La mudaron. Ahora es el espacio de los músicos. Me cruzo con Clara Muschietti y me dice que todavía no leyó. Nos ponemos a charlar y me ve obsesionado (cuándo no) con la poesía enter. Chicos, si van a escribir relato y le van a poner enter para que se parezcan a los poemas, por favor, no. Hagan relatos, cuentos. Tienen ideas geniales. Poesía es otra cosa. Pero yo no soy quién para andar poniendo comas, con suerte que lo pongo acá. Y encima lo lee el pobre tipo que llegó hasta el final de este largo post. Que aún no termina. Nos ponemos a hablar de buenos poetas, de malos poetas, de ejercicios literarios que incluyen enters, de la narrativa que nosescucha (y encima los narradores le ponen enter a sus cuentos como para borrarse de mi mapa). Nos peleamos. Nos amigamos. Tenemos mucho que decir. Pregunto por sus talleres, si le sirve que la linkee. Dice que sí. Ahí está; buscá en power talleres. Me muestra un poco los poemas que está escribiendo ahora. Están geniales.
-Ves, esto es poesía. Es claramente poesía.
-Mirá Mariano Blatt, entonces. Es prosa pero con una calidad poética que...
-A ver.
Y veo. Pero a Mariano Blatt ya lo conozco. Digo, es Mariano Blatt. Obvio que escribe poesía. No se ve buena poesía muy seguido. Y mirá que salgo un montón. Ojo, es mi parecer.
-Sí, bueno, a mí me pasa que sé reconocer cuando es bueno a pesar de que no me guste- me dice. Yo no puedo saber si es bueno. Ella tiene más cancha. Solo puedo decir que no me gusta. Y la verdad, últimamente no me gusta mucho lo que leo. Pero bueh. Ya caerán poetas mejores. Lean a Lamberti. Ese sí que es bueno. Comprenlo, putos que lo edité con el aceite de mi Torino. Eso es poesía.

Tomo un par de birras. Ya estoy cansado. Me lo permito. Alto viaje. Cristante me dice que va a agremiar a los bares para que puedan poner música. Quiere juntarlos a todos. Me cruzo con Anita Rivara y Jaramillo. Están pilas que este sábado se presenta Colección Chapita. Yo no voy a poder ir:
-Casita Garay organizó una fecha y me pidieron el stand de la Funesiana.- Les digo- Ojalá vendan todo, che, pero no creo que pueda ir.
-Vamos a leer todos. Vamos a estar un rato largo.
-Bueno, por ahí llego a algo. Te llamo.
Pienso, qué boludo, de dónde, si no tengo celular y perdí todos los números de teléfono que tenía. Si alguno quiere mensaje de texto que me espere. Lo pienso mientras salgo y me vuelvo a insultar porque me digo: qué nabo, no le pedí el número.

Bueh, mañana le mando un mail.
Jara, mañana te mando un mail.

Ahora me voy a dormir. Mi Reina me espera y estoy hecho percha.
Qué grande la literatura.
Qué grande Estudiantes.
Qué grande Chicago.


*

lunes, marzo 09, 2009

Capacidad pulmonar en disminución


El fin de semana fue una locura. Desde el viernes, que arrancó a diez mil por hora, se transformó en un raid que (me parece) llegó hasta reciencito, nomás. Pero bueh, acostumbrate y no te enloquezá. El viernes fue la editorial, después la captura de las llaves del Pacha y después el Pacha. Preparar, limpiar, pegar, acomodar. Después, la comida que cocinó Fede, había que servirla. Y la cerveza que trajo el chino había que venderla. Entonces todo eso. Que la noche en pañales y yo sin el capuchón. Conseguir capuchón. Conseguido. Lamparita, libros. Pinceles, libros. Anotadores, libros. Tarros, libros. Cerveza, libros. Vino, libros. Fernet, libros. ¡No había Gancia!, libros. Faltaron los mismos de siempre, libros. Hubo gente que dijo que venía y no vino, libros. Hubo gente que dijo que venía y no pudo venir, libros. Hubo gente que tuvo problemas y no vino, libros. Hay gente que tiene problemas y mejor que no vino, libros.
Digamos que así pasó la noche del viernes.
episodio I

Me hago cargo de las llaves y a las 4 de la mañana me las pide X. Se las devuelvo. X las guarda. Cinco minutos después me voy. Me paran en la puerta. Es el Señor G;
-¿Tenés las llaves?
Miro el techo. Pienso. Recuerdo.
-No, no las tengo; se las acabo de dar a X.
-X dice que no las tiene.
-¿Cómo que no las tiene? Acabo de dárselas. Porque me estoy yendo, encima.
-No, bueno... Nos vamos todos y nadie tiene las llaves.
-Preguntale a X, man. Si las perdió es asunto de ella.

episodio II

Todos beben cerveza cuando llego. Hay un living grande pero no queda más cerveza. Como estoy un ratito aviso que me voy a comprar mi propia birra que si alguno quiere les compro. Viene uno, el señor Orquesta.
-Te acompaño, pará que hago vaquita y vamos a comprar.
A la vuelta, les servimos a todos y me arrincono con mi cerveza. Tiempo después, se vuelven a terminar y vuelven a hacer la vaquita. Viene el señor G:
-Estamos haciendo vaca. ¿Ponés para la birra?
-No, gracias. Te agradezco.
Se va. Al rato vuelve.
-Quería saber una cosa: ¿por qué no ponés para la vaca si vos estuviste tomando? Yo te vi. Es para todos. Compartimos los gastos acá.
-Mirá, amigo, yo me pagué mi propia birra. Y ya me voy, por eso no pongo en la vaca. ¿Está mal?
-No, no, para nada. Es que no sabía. Perdón.

Visto y considerando los episodios I y II, el señor G me quiere hacer pisar el palito. No lo logrará. Somos muchos más que dos. No ganaré las batallas pero voy a ganar la guerra. Hasta entonces, nada más que contar acerca del señor G.


*

viernes, febrero 20, 2009

Apaguen los celulares

Rodaje de Ocio

El Dragón, que vendría a ser mi personaje, no se lleva muy bien con Andrés (o eso es lo que tengo en la cabeza cuando dicen "acción"). No es lo mismo entre Lucas y Nahuel, los actores que le ponen el cuerpo, los cuales se llevan bastante bien. A pesar de que Nahuel es de Atlanta y es un puto como los tirapiedra de Saavedra, podría decirse que sí, que todo bien.
El otro día, El Dragón tenía que dejar una pizza arriba de la mesa (donde ya se encontraba Andrés, muerto de hambre) y meterse en la cocina. A la vuelta El Dragón lo tiene que ver a Andrés con cara de culo porque abre toma una porción sin pedir permiso pero se sienta igual porque, después de todo, es el hermano.

Para el ensayo me dieron un tupper rectangular grandote bien cerrado. La idea era que Nahuel abriera el tupper como se abre una caja de pizza y empezara a comer.
Antes de entrar a escena metí el celular dentro del tupper con la camarita prendida apuntando hacia arriba. Quería ver su cara de "muerto de hambre" pero más que eso quería filmarlo cuando descubriera el celular adentro. Para eso, ensayamos tres veces; a la cuarta metería el celu.

Chasco.
En el movimiento, la cámara se corrió y lo único que se ve (apenas) es el techo corredizo de la casa.
No salió.
Pero menos mal porque me hubiera entusiasmado y me hubiera puesto a hacer más boludeces.

Si tienen Ocio, de Fabián Casas
[Santiago Arcos Editor] ,
pueden identificar al toque
cuál es la escena.



*

martes, febrero 17, 2009

Story board

Frágil

Me llamaron para que hiciera la escena con la camioneta. La historia contaba que mi compañero y yo dejábamos un ataúd en la casa de un taxidermista muy platudo y excéntrico.
Entrábamos, salíamos y ya.
La idea era que mi compañero se subía primero a la camioneta y, sin pensarlo mucho, arrancaba dejándome en el tugurio del freakie loco. Yo a los gritos le pedía que no me abandonara.
Entonces,
toma 1-la cámara toma la camioneta mientras se sube compañero; corte.
toma 2-la camioneta arranca; corte.
toma 3-la camioneta va marcha atrás sin el protagonista; corte.
toma 4-primer plano del protagonista que sale de la casa y pone cara de camioneta me deja; corte.
toma 5-camioneta para a una cuadra, se la ve desde atrás, y espera al protagonista; corte.
toma 6-camioneta desde atrás, vemos subir al protagonista y arranca camioneta; corte.
Para guiarme en la actuación me mostraron el story board, lo cual no sabía que era hasta ese día; una especie de comic que muestra las tomas cómo se verán al final, digamos, cuando se estrene. Un dibujante me había hecho hermoso así que me dio valor y alegría. La maquilladora me tiroteaba con dedicación y sutileza (después me pediría "gancho" con mi compañero) así que no pude conectar con mi sensación de "abandonado" en la puerta de la mansión. Mi pecho se erguía con exageración, grasitud y un pedantismo sin precedentes así que apenas el director dijo "acción", en la puerta de la mansión (toma 4), salí corriendo y me colgué del parabrisas de la camioneta (una Renault Traffic).
Yo imaginé que se reirían todos, dirían corte, yo le haría una mueca a la maquilladora y volveríamos a hacer la escena como correspondía.
Nada que ver.
El camarógrafo, que estaba pasado de una sustancia ilegal (que no voy a mencionar), ni se mosquió y siguió grabando. Mi compañero, que se prendía en todas las jodas, se hizo el que miraba hacia atrás por el espejito retrosivor y siguió pisando el acelerador.
Yo iba colgado con un pie en la parrilla de la Traffic y el otro en el paragolpes de plástico.
El director estaba pasmado; no entendía qué pasaba pero tampoco dijo nada porque se vio tan pero tan sorprendido que apenas si soltó un gemido tipo "eh? wtf".
La maquilladora se tapó los ojos y la frente y la productora, hoy gran amiga mía, gritó "yeah!!" y el dibujante me quería partir las rodillas con la pilot 0.3 mm.

El camarógrafo los convenció a todos de agregar escenas desde el asiento de acompañante con primer plano de mi cara de horror "no me dejes, por favor, no", la maquilladora no me tiró más los galgos y es el día de hoy que todavía no vi ese corto.
Taparon el "yeah" de mi amiga con un riff de Pappo´s Blues y nunca más me llamaron.


Esto habrá sido
2003
2004


*

lunes, diciembre 22, 2008

Ser crónicas hoy

Rafaela rocks


Subí al micro. Sigamos. Subí al micro y me sorprendió una revista de moda. Cien points el pasaje alcanza para una almohadilla y una manta (almohada y frazada para los argentinos que leen esto). Una revista de moda con fotos de adolescentes en paños menores además de una lista de consejos para estar “in” con muy pocos pesos. Tengo 30 años. Estamos en el comienzo del fin del mundo y todavía siguen usando la palabra ¡in! ¿Qué te pasa, Mundo? Aggiornate, plisplis, papito.
Lenguaje de señas amoroso y divertido. Mensajes de texto ídem y partir. Partir para nunca más volver. Desde que voy y vengo a Rafaela me pasa lo mismo; siento que podría quedarme a vivir acá. Siento que realmente podría quedarme a vivir, conseguir un trabajo e instalarme a escribir y dormir siesta. He ido a muchos otros lugares un poco más divertidos, un poco más bonitos, un poco más desiertos y hasta concedo que otros han sido más estimulantes. Pero ninguno me ha dado la certeza de que vivir allí sea algo posible. Rafaela me da eso; certezas. Uno que busca lleno de preguntas encuentra respuestas en esta ciudad. La vuelta del perro, el bar frente a la plaza en el que desnudan mujeres con la vista, las milanesas recortaditas para acompañar la birra. La birra que acá le dicen porrón. El porrón que no falta en ninguna fiesta. Fiestas rockeras. Remeras. Ja. Gogui, mirá qué rápido llegás a tu libro.
La semana que viene presenta su primer libro. Poesía. Remeras. El nombre la rompe, es genial.

¿Cómo la ves, Reina? ¿Nos venimos pa´ Rafaela?


viernes, noviembre 28, 2008

Volvimos y volveremos



Mirá... el cagazo... el cagazo que tenía... te juro... del susto aparecieron las gotitas de adrenalina pura y después se me erizó la piel como gato en celo. Si hubiera sido vedette paraba la cola como en el mejor giro de Alfano en su mejor momento y ahí se me armaba la de San Petersburgo; chau chau adiós, si te he visto no me acuerdo, te juro perro, matame rápido que no quiero sufrir.
Al toque, pero recontra al toque, tan al toque que se dice al tiro, una voz, aguda, chiquita, pequeña, insolente como joven, grita ¡Jercof! Y del susto que me pego podés creer que se me sale un soretito del ano en el preciso momento en el que también aparece un niño con los ojos más celestes que vi en mi vida y tras este niño veo a Sonia que lo corre jugando con él y detrás de Sonia una señora que vendría a ser Rosa, su madre, que me dice Hola, desde lejos, vení que vamos a comer, te gustan las milanesas...?


lunes, agosto 18, 2008

Columna semanal


A Oscar Tiano

Si yo tuviera una columna semanal en un diario, escribiría sobre mi sábado. Mi último sábado como pivot para pensar algunas cosas interesantes o trágicas.
Si yo tuviera una columna semanal en un diario me hubiera puesto, debido a este sábado, un poco críptico, intimista, un poco maricón y severo conmigo mismo. Pero no tengo una columna semanal en un diario ni tampoco tengo una columna semanal en una revista ni mucho menos en una página web.
Tengo un blog.
Y hago lo que puedo desde el blog. No se trata de columnas ni algo por el estilo. Se trata de ayudar a algunos escritores que se promocionan con el mail como única herramienta y también se trata de promocionar todas las cosas locas que hago. Algunas son locas y otras son “tantas”. A veces me acuerdo del dicho del que mucho abarca y poco aprieta y me quedo un poco en orsai, un poco críptico, un poco maricón. Después me acuerdo de mi propio slogan, uno que adapté hace mucho tiempo, cuando estaba soltero y era tan egoísta que hasta mis amigos me evitaban: voy a triunfar por prepotencia de trabajo.
Y fue así, nomás. Me puse manos a la obra y hasta no bajar todos los muñecos que se me pusieran en la mira, no paré. Dije, no voy a parar hasta comprarle la casa a Paulo Coelho. ¿Alguno vio una foto de su casa? Es una bestialidad. Le tengo que comprar la casa cuando esté a punto de morirse. Eso pensé. Si le compro la casa, si llego hasta ahí, podré decir que lo he logrado.
Ahora me pregunto, después de mi enquilombado sábado; ¿qué es lo que habré logrado? ¿Qué quiero? ¿Qué busco o para qué? Ninguna respuesta se puede escribir en este blog ni en mi columna semanal en un diario o página web. Por suerte o por desgracia no tengo la cola limpia como algunos que se la pasan diciendo que la tienen limpia. Escondo varios muertos en el placard y cada tanto lleno mi living de gente para sufrir y sufrir mientras esa misma gente se pasea copa en mano mirando la cerradurita del placard en donde guardo mis muertos.
No tengo miedo de tener que abrir ese placard y que se pudra todo. Creo que a los efectos de “triunfar” hasta sería recomendable. Si fuera agente literario o representante de actores, recomendaría a mis artistas que cada tanto armen un escándalo para la prensa. O para la gilada. Lo mismo da. La prensa tiene que vender más allá del Taller con García Márquez en Aracataca. La prensa se escribe en un papel que se vende. La delgada línea roja que divide a los escritores que hacen periodismo de los escritores que matan tigres o de los que pagan el alquiler del depto con mierdas en un medio de comunicación es más delgada y más roja de lo que la mamá de cada uno de esos escritores pueda llegar a creer jamás.

-Quién. ¿Mi hijo? Jamás, no sería capaz de semejante irrespetuosidad.

Ay, mamás. Qué lindo tenerlas cerca. Que su mirada o su caricia te lave la culpa. Pero si soy lo más lindo que te pasó en la vida, vieja.
Encuesta
Si vos fueras mamá, hasta cuánto bancarías a tu hijo que acaba
de asesinar a una veintena de pibes en un atentado en un colegio.
Quiso comprarse un auto y no le alcanzó la plata así que lo robó.
Mamá; ¿qué tan mamá serías?
Entonces, mi columna semanal.
El sábado juego al fútbol.
Me gusta cansarme y sentir que mi cuerpo va envejeciendo. Estoy tan cebado durante tanto tiempo en la semana que apenas si me doy cuenta de que las canas que tengo en la cabeza no solo representan mi mala sangre por las cosas que no hago bien sino que también borran los almanaques. Mi sangre también envejece. Y me doy cuenta apenas la hiervo. Ya no me enojo como antes. Estoy más cansado. Ojo, para los impresionables y sensibles, no estoy bajando los brazos, solo me estoy adaptando a la situación que me toca vivir ahora. Porque siempre hice eso, más que crear mi ambiente o manipular lo que me rodeaba me adaptaba, más bien, a lo que se me imponía delante de mis narices. Eso a veces está bien, otras no tanto. Pero no vamos a juzgar. Vamos a contar mi sábado.
Después de ver varios eventos históricos en Pekín en el marco de los Juegos Olímpicos 2008 me dispuse ir a mi sesión semanal de fútbol. Cuando llegué a la canchita, allá lejos y hace tiempo como podemos decirle al Pinocho, estaban jugando unos viejos contra unos pibes. Dos equipos, cada uno representando a la misma institución que allá se le dice Lanari. Es un instituto de salud y experimentación en medicina de avanzada. Ojo, avanzada para la UBA y avanzada para este Tercer Mundo loco en el que nos toca pagar el alquiler.
Entonces, eso, una institución de la UBA tiene dos equipos que lo representan.
Debido a los gritos de la hinchada y la mala leche de algunos jugadores, el partido se fue caldeando como si estuviera a fuego lento. No es la primera vez que pasa y uno, en estos casos, ya se prepara para algunas cosas: expulsiones de jugadores, piñas, empujones de mala fe, patadas que pueden terminar en fracturas o dislocamientos y una serie de etcéteras que pueden poner la piel de gallina al más guapito.
Ese torneo, además, es así de violento y cabeza. Cuando un partido se caldea empieza a subir la temperatura del termómetro hasta que el mercurio vuela por los aires.
Lo más gracioso es que ninguno de los dos había tenido jugadas tan claras como parar abrir el marcador por lo que hasta ese momento era un pintoresco partido de fútbol en el que se gritaba más de lo que se jugaba al fútbol. Algo previsible.
Hasta el primer gol. Algo previsible hasta el primer gol.
Faltando apenas 5 minutos para que termine el primer tiempo, uno de los equipos logró una jugada fenomenal en la que una serie de 15 pases dejaron a dos jugadores a solas con el arquero al que volvieron loco a la vista del resto del equipo que no tenía el ánimo para defender y apenas pudo ver cómo le hacían ese gol de circo, de Globertrotters. La hinchada estalló en gritos y cargadas para los viejitos.
Toda la gente que miraba aplaudió.
Se terminaba el primer tiempo y se podía gozar en el entre tiempo a los contrarios durante 15 minutos de descanso.
Pero no pudimos llegar a ver el descanso y los gritos de reclamo en uno de los equipos o las felicitaciones al goleador en el otro. No. No llegamos a ver eso porque en el instante mismo en el que se estaba por sacar la pelota del medio de la cancha para continuar con esos 5 minutos que aun restaban del primer tiempo, uno de los “viejos” del equipo que perdía se cayó al piso sin que nadie le tocara un pelo. Se desmayó. Se oyó un pequeño golpe como si le hubieran puesto un cachetazo y se desmayó. Era el más sucio de los jugadores. El que más gritaba. El que más pegaba. Era el único de los jugadores que había recibido una tarjeta amarilla en su equipo y que había exigido la buena fe del árbitro quien le perdonó expulsarlo en otro par de jugadas peligrosas para la integridad física de sus contrincantes.
El tipo que se desmayó tenía la camiseta número cinco en la espalda. De eso me acuerdo porque su espalda quedó mirando hacia donde estaba parado con mis amigos con quienes comentamos lo extraño de la situación. Yo, que no había visto el momento justo de la caída, sospechaba que alguien le había pegado o que estaba tratando de simular que alguien le había pegado para que el árbitro sacara una amarilla o, en el mejor de los casos, una roja para un jugador contrario.
Pasaron diez minutos durante los cuales el número cinco estuvo boca arriba con veinte tipos en cuero alrededor sacudiendo sus camisetas para airear lo que hasta ese momento parecía una descompensación y un ligero desmayo.
Pasados los quince minutos del número cinco boca arriba ya se podía distinguir cómo le hacían respiración boca a boca ya que habían desalojado la cancha y dos o tres personas que se supone tenían experiencia médica lo estaban atendiendo como si fuera la guardia de un hospital. Uno trajo unas diez pajitas de plástico porque se intentó improvisar una traqueotomía. Otros dos se agarraban la cabeza y se arrancaban los pelos sin vergüenza, sin entender. Otros tres llamaban de sus celulares pero a estos no les podía oír la voz. Lo único que se oía era un murmullo ensoñador, el mantra de la ambulancia ausente, que las 60 personas alrededor de la cancha se habían unido para cantar. Un mantra doloroso y tristón.
Treinta y cinco minutos después, el número cinco arrugó los deditos de sus pies y se murió. Por si te quedaban dudas había cinco personas gritando y llorando que no podía ser, que hay que probar con adrenalina, que traigan una ambulancia, carajo…
Aun así, se murió.
Y nosotros nos quedamos mirando su panza hinchada de tanto aire que le metieron para hacerlo respirar y que, después de muerto, no había podido espirar. No nos pudimos mirar a los ojos. Tampoco hablamos de lo que estaba pasando. De repente alguien tenía el auto roto, su mujer era una insoportable o le dolía pagar un aire acondicionado tan caro. Ninguno de nosotros hablaba de lo que estaba pasando frente a nuestras narices.
Un tipo se murió de la bronca y nosotros nos teníamos que ir. Porque era sábado y había que salir, bañados, para festejar el cumpleaños de una amiga.
El tipo se murió y todavía no me lo puedo sacar de la cabeza.

viernes, mayo 23, 2008

Jam de improvisación literaria

Una garcha


Estuve en el Podestá. En mi época se llamaba La Argentina. Pero ahora se llama Podestá y está re lindo. Obvio que Facundo García tiene razón: es cool. Pero está bien. Algún neurótico medio cagón tendría miedo de decir que es cool porque no sería "popular". Para ser escritor hay que ser borracho, sucio, mal hablado y no poder pagarte un buen trago en ningún bar (y menos en Palermo Gólico). Pero esa es una falacia inventada por los que no quieren compartir la plata que ganan haciendo libros. Allá ellos. Para mí la pomada se reparte. Y al que la tiene, obvio, no le va a gustar dividirla.

El único disgusto que tuve fue al llegar.
No comparto para nada que esté cerrado hasta el horario de apertura, pasadas las 22hs. Pero así es la idea, me enteré. Así está planteado. Te gusta o no te gusta. Te quedás esperando en la puerta o te vas.
Nos fuimos. Nos fuimos a un bar porque yo "no espero en la puerta", no hago fila en ningún lado.
Bah, en el chino hago fila, para pagarle a la cajera que tiene unas tetas bárbaras. Pero después no hago fila en ningún otro lado. Obvio que voy a muchísimos menos lugares de los que quisiera por culpa de este capricho adolescente pero me la banco. Por eso, cuando voy al teatro reservo entrada. Por eso "aviso que voy". Por eso muchas cosas más del tipo etcétera.

Apenas llegamos nos fuimos a un bar a dos cuadras, para no esperar embolados. Decí que nos trataron como el culo apenas llegamos, un bar brasilero sobre Costa Rica entre Ortiz y Malabia, que si no fuera porque son tan mala onda nos quedábamos chupando quién sabe hasta qué hora. Pero bueh, volvimos y el Podestá estaba abierto... y muy producido.

Ciclos de Lectura

En este blog se dice que explotaron los ciclos literarios y pareciera que los periodistas se comieron ese trip. Los ciclos literarios no explotaron. Ahora se linkean unos a otros, que es distinto. Ahora se usan las herramientas para "trabajar en red" (hablo de internet; algo que varios periodistas de más de 50 no asimilan bien porque tienen que usar una computadora que todavía están tratando de aprender a manejar - ¿qué diferencia hay entre memoria ram y memoria rom? ¿qué diferencia hay entre un fotolog y una página web? Típico).
Que sea una novedad solo se lo puede tragar un pibe que no tiene más de 21 años y jamás oyó hablar de nada en el mundo fuera de su playstation o los amiguitos de la cuadra. ¿Quién no conoce un escritor amigo que haya leído en algún lado alguna vez? Lecturas y ciclos de lectura hubo siempre. Allá fue Verbonautas, uno del que escuché hablar y del cual leí entrevistas sobre las perfo de los organizadores.
Siempre hubo lecturas re locas.
El Jam de Improvisación es un ciclo re loco. Y lo gracioso es que no vas a "escuchar"; vas a leer. Anoche Laje, en La Góndola de las Chicas en el Pachamama, decía que ir a los ciclos literarios, para los escritores, debería ser como escribir, también. Ir a leer en público es escribir. El Jam hace una de Messi en el área chica: ir al Jam como invitado es escribir y escribir al mismo tiempo.

Hablando de ciclos va chivo:
Los Mudos el próximo miércoles 28, recuerden
entrada gratis, cerveza de regalo, libros también
Mariana Enríquez, Selva Almada, Marina Kogan - leen
Facu y Matu + bailarín
un invitado especial bien macho y hasta por ahí un violín.

Sigamos.
El ciclo parte de una simple idea que lo vuelve todo muy obsceno: escribí mientras yo te miro.
¿Cuántos tienen su computadora en la pieza? ¿Cuántos se animaron a decirle a su novix "mirame el texto mientras voy escribiendo"? Mirame esta, dirá más de unx. ¿A cuántos amigos le dijiste, con voz de Boy Scout, "mirá lo que voy escribiendo"? Una locura. Es obvio que a nadie jamás se le ocurrió decirle a un ser humano cercano "mirá que grosso que soy, mirame mientras escribo esta gloria".
Tiene algo de perverso, de revisar el cajón de las bombachas, de meterse en el baño mientras Papá se hace la paja. Ir a ver cómo el autor escribe tiene algo de sucio en el mejor de los sentidos, de enchastrarse con las herramientas que maneja, de verle la cera del oído cuando, por ejemplo, escribe jóven (así, con acento - ¡niños, va sin acento!) y ver cómo al rato lo persigue un cursor policía y normativo de pelo bien cortito para sacarle ese rulito en la cabeza de la o.

Estas leyendo mientras en la cabecita del escritor se le arma la historieta. En Samanta y Pedro estuvo tan expuesto eso, tan pero tan, que me los imaginaba desnudos (también en el mejor de los sentidos) en la computadora que tengo en mi pieza.
Claro que...
Están los pelotudos de los que habla Juan Pablo.
Esos que dicen "ay, no, eso está pensado de antes, no vale (?), no puede escribir así, debe ser una idea previa, no puede estar improvisando, eso lo tiene sabido de memoria, eso no creo que lo invente, se trajo un anotador, un cuadernito, algo". Y yo, que soy del vulgo, caí en la misma y dije "alguien le está soplando. Ahí mismo, al lado de la compu, alguien le está soplando."

¡Obvio perejil! ¡Tu cabeza te va soplando! ¡Tu cuadernito te va soplando! ¿Quién escribe de la nada? ¿Acaso no hay un tipo que se dice escritor que interrumpe la charla y "pará que anoto esto que me sirve para la novela pendorcha que estoy escribiendo"? Algunos trabajarán de otra forma pero otros piensan una idea, antes de escribirla, durante días y días y días y meses y meses y meses... de eso se trata escribir, también.

Es divertido buscarle un pelo al huevo pero no quedes como un pelotudo. Es como haberle dicho a Jaco Pastorius que toque sin haber practicado escalas; es de shalame.

Escribir también es golpear una pelotita de goma contra la pared como un autista hasta que te aparece la imagen, la tipeás y vuelta a empezar con la pelotita. De caminar en círculo hasta que le encontrás el rostro al personaje. De tomar un mate para cortar un poco el mambo. De aflojarte la corbata y decir "nonono, así no va, esto es una garcha, va de nuevo".

Bueno, en el Podestá, como en un escenario junto a Chet Baker, parar todo y golpear la pelotita o dar vueltas en círculo hasta que aparece la imagen está prohibido. Está prohibido porque "tenés que escribir ya", te están mirando, te están escuchando, diría Thelonious. Te están pensando, decía Pedro. En mi barrio se dice tenés que tener huevos para bancarte a 80 personas que te miran para ver cómo mierda los vas a "entretener". Parar está penado, prohibido, porque va contra las reglas... reglas que aceptás cuando empezás a jugar. No vas a jugar al fútbol con patas de rana... hay botines. Hay una ética del juego. Si sos un amargo que quiere romper las reglas en lugar de doblarlas allá vos...

Acodado en la barra, un tipo dijo: uh, habla de la huesera... en un rato seguro se pone a hablar de los perros. Dicho y hecho, Samanta, al toque, empieza a hablar de los perros de la huesera.

Mirar la pantalla mientras titila el cursor te conecta con mil setecientas veintidós ideas. Lo mismo que al autor con la simple y contundente diferencia de que además tiene un tsunami de adrenalina en todo el cuerpo mientras vos te tomás una cerveza, te comés una empanada frita de Carna gratarola y te vas poniendo en pedo. Los baches para el/la que improvisa tienen que ser "pausas". Las "pausas" tienen que dar "aire". Hay que agarrarse los huevos y ponerlos en la mesa (es una forma de decir, Samanta). Y cuando te embalás... Cuando tiraste un párrafo que cerró, que tiembla, que late... y lo leés y te ató las pestañas y te las hizo un nudo...

Ah... qué placer...

Raro.
No creo que todos puedan apreciarlo de la misma manera. El ciclo y lo que sale en ese ciclo está bueno. No, no; no está bueno. Está buenísimo. Hay buenas y malas pero seamos adultos ¿o acaso siempre te echás 5 polvos en una hora? El Jam te da ganas de ver a otros en la misma situación. Da ganas de volver, da ganas de escribir, da ganas de estar en algo parecido, da ganas de cruzarse con otros, te prende las neuronas que tan seguido se te apagan por esta ciudad de mierda que te pide que pagues un tren bala con la guita que te alcanza para renovar todo el sistema ferroviario. Esta ciudad de mierda que te pide una nota sobre el ciclo y para contar todo lo que tenés que contar necesitás de todas las páginas del diario en lugar de los 4571 caracteres con espacios que tu jefe te dejó publicar. Esta ciudad de mierda está todo el tiempo con la varita en guardia, lista para aflojarte los nudillos. Si ya te comen el gorro en cualquier esquina llena de humo ¿para qué ir a lugares donde la vas a pasar mal?
Andá a los jams.
Te va a gustar.


Próximo
miércoles 18 de junio
22 hs casi no puntual
jammean
Juan Terranova
Federico Levín


*
ah
estos son
8552 caracteres
con espacio
- incluyen chivos -
*

lunes, abril 14, 2008

Callao al 100


Anoche, domingo más fresco que la chucha, Javi me dejó en Callao y Corrientes. Caminar desde ahí a casa (unas 5 cuadras) no me pareció tan duro. Estoy algo agitado hace una semana y engripado hace dos por lo que me cuesta respirar o realizar cualquier actividad física (por suerte ayer probamos que garchar se hace divertido en estas condiciones). En mi nuevo aparato hay una camarita que no tiene buena definición pero se la banca.
Ayer, decía, mientras bajaba por Callao, pensaba en nuestras discusiones, el futuro de nuestros planes, el futuro de Los Mudos, el de mi vida en pareja, el de mi vida laboral, escritural y astrológica (¿sabías que Sagitario y Libra son como uña y dedo? ¡Sabelo! ¿Quién es de Libra?). Todo muy lindo todo muy lindo hasta que llegué al Mc Donalds de la vuelta de casa: la montaña de basura ocupaba casi toda la vereda.
Me doy cuenta que la foto no es buena pero decime una cosa: ¿no da para sentirse un reverendo pelotudo mientras mirás eso?

jueves, marzo 20, 2008

Otra vez sopa


Llegué temprano así que fui a la "tienda MALBA store" (pregunto ¿tienda y store no son lo mismo?). Todo muy bonito, todo bastante inútil, pura decoración. Revistas de arte y percheros lo único que me llamó la atención, por su originalidad y simpleza. Después todo un poco mogólico.
Bajé al subsuelo donde están los libros. Esa cueva debería ser mejor monitoreada. Los libros que tiene son lo más. En ese contexto, hasta las postales gratis elevan su calidad y da ganas de echarse un polvo estético en los sillones de lectura.
-Bueno... hay trabajo... digamos, a veces no hay trabajo... si no querés trabajar podés venir... tenés la compu con internet... es un poco aburrido... si querés trabajar, se puede.
El pibe de anteojos y remera tipo yo viví de una beca en Nueva York, suckers, le explicaba a "la nueva" sobre su futuro trabajo en la librería. En voz alta explicaba muchas cosas a los potenciales compradores y yo entendía un poco más este aburrido lugar (parezco una vieja puta de barrio norte). Es igual que en el Purgatorio, pensé. Joya.

Algún cráneo, de esos que se la pasan tomando merca en los baños del Renó Restó de al lado pensó que lo mejor era saber cuánta gente vendría y, sin aviso previo, nos hicieron hacer la fila hasta que adivinamos que te daban una entrada sin la cuál no podías presenciar la charla presentación. Man, ni que fuera Dylan.
En la fila hice otro retrato de Francisca... como pude. A dos pasos, apoyada en una columna, había una morocha castaña oscura o algo así, de un metro ochenta, por lo menos, y musculosa verde. Tenía unas tetas... pero unas tetas... unas tetas que hubieran acabado con el hambre en todo mi hermoso Tucumán si nos decidíamos a atarla de pies y manos y atacarla al grito de "¡llévenla al tambo! ¡¡llévenla al tambo!!" Unas tetas que de competir en cualquier reef serían como Fangio, Messi, Nalbandián y el Taiguer Buds juntos. Una cosa escandalosa. Una cosa... una cosa... ¡ilegal! Inasible, impresionante, inabarcable. La musculosa verde (otro insulto a la sutileza) parecía a punto de ceder. Un recuerdo imborrable, perverso y, ahora que lo escribo, para nada placentero.
plim plim plim plim... Guillermo
Entramos 18.37 hs
Yo te dije que iba a ser puntual... la entrada. Porque dieron sala enseguida. Pero para que empiece falta un rato. Hasta ahora vi al puto de Jara, la encantadora Anita (estan en la primera fila - segunda, en realidad, la primera la anularon por temor a que las fans de Fogwill entren en colapso nervioso e histérico y derrumben la jarra de vidrio con agua y todo), Fernando Aita, Alejo el fotógrafo y Esteban Schmidt.
El libro a 56 points. ¡Mamá!
Ojo, tiene pinta eso sí; bien porongudo, bien Fogwill.
Miro y cuento las filas que me alejan del escenario: son como diez. Estoy detrás de la cámara de video que registarará casi todo el evento. Al precio que está el libro, esto es lo más cerca que voy a estar de los libros de la guerra. Un boludo, podría haber ido con Jara.
Hace mil años había venido a otra charla, aquella vez sobre revistas culturales, y lo había dibujado al entonces Horacio Gonzalez para mí desconocido. Hoy lo veo, ahí, un poco frágil, un poco dubitativo... ¡estás igual, Horacio!
Gran hermano
A Fogwill, apenas empezó la charla, le chupó tres huevos lo que dijeron González y Quintín. Bah, estoy exagerando. ¿Por qué exagero tanto?, me pregunta mi polola a veces. Porque es divertido, ¿no? ¿Sabés por qué exagero? Porque Quique estuvo toda la charla viendo cuántos famosos había en la sala y apenas tenía la palabra agradecía que estuvieran allí. Un guacho, no la nombró a Liliana Herrero... solo dijo; vos, sos una folclorista. Bueno, ¿pero qué famosos estaban? Dárgelos. Estaba Dárgelos. Había un juez que una época fue conocido, no pude retener el nombre lo suficiente para anotarlo. Estuvo el Ministro de Cultura de no se qué garcha... y estuvo, a mi lado toda la charla, el señor Fito Paez. ¡Qué olor a chivo tiene Fito Paez, viejo! Con todo lo que levantó con El amor después del amor podría haberse comprado algo de perfume, ¿no? Así cualquiera es famoso, viejo. Y claro, todos pero todos, volteando a cada nombre que Enrique tiraba. Algunos perdieron la vida, desnucados por ver ese rostro conocido.
Otra vez sopa
¿A qué fui a la presentación del libro? Digo, porque me la paso de presentación en presentación, de lectura en lectura. ¿Qué había de bueno en esa? *) Iba a conocer a Quintín. *) Iba a ver cómo respondía Fogwill a los argumentos de Link. *) Iba a aprovechar que lo tenía a Link para hacerle mil preguntas. *) Iba a escucharla otra vez a María Pía López. Y claro, también *) Iba a ver qué gansada decía Quique.
No pude hacer nada de lo que había pensado que iba a hacer. Primero porque Quique no dijo ninguna gansada. De entrada me di cuenta que se iba a amoldar. No se, te das cuenta. Cómo presenta a los que presenta. Cómo les presta atención. Cómo les contesta. Estaba más interesado en que llegara la parte en la que se come un bife con amigos y se cuelgan a charlar de sobremesa de las mil y una noches... qué se yo. Estaba de muy particular buen ánimo pero no para la presentación. Lo viví como un trámite para él. Y una pérdida de tiempo para mí.
¿Qué esperaba? ¿Que de los quichicientos periodistas culturales alguno hiciera alguna pregunta? El único que hizo las preguntas fue un pendejo que hartó a Fogwill ("y... basta de preguntas para el chico de la remera negra") pero que era el único que se animaba. ¿Qué le tienen; miedo? ¿Para qué mierda se llenan la boca de lo jodido y polémico que es Fogwill si no se animan a polemizar?
-No, mirá, es lo que dicen... yo escribo lo que dicen... se dice que Fogwill es polémico... se dice que tiene algo que decir... se dice que sabe... se dice...
Embola.
En serio, un embole padre.
Encima, Rojas estuvo ahí. Me cagó la exclusiva. Quería que no vaya y que me llamara para pedirme algún dato tipo Gritos y susurros. Pero no, el guacho fue. Sí, sí; hizo una pregunta... pero no se le cachó una verga. Entre el tartamudaje y la inhibición que le causaba el auditorio lleno, yo también me estaría haciendo pis encima, apenas se le entendió el final de la pregunta.
¿Y qué podía preguntarle yo? Apenas si leí un par de cuentos, me debo todos sus libros y me cae como el culo. No, no... qué le voy a preguntar. Para eso estaba Link. Daniel Link. Un tipo inteligente, un tipo que sabe, un tipo que entiende lo que dice Enrique.
Un despropósito
Y así estamos, ¿no? Esperando que otros hagan las cosas. Esperando que un viejardo que en todas las reseñas que leí sobre su libro, dicen que escribió los mejores textos de los últimos treinta años nos diga qué hacer. ¿Tan mal estamos? ¿Tan poronga es todo? No voy a negar que lo de Fogwill es muy bueno pero ¿nadie más dijo nada interesante? ¿Y para qué mierda nos llenamos la boca, entonces?
Me cansó.
Te juro. Te juro que me cansó.
Y lo peor peor de todo. Lo peor de los peores fue que me cagué mojando... y esperaba mojarme, eh, sabía que iba a llover, pero esperaba estar recontra caliente... que me hierva la sangre por haber estado ahí porque "había que estar ahí" y ser testigo de una discusión caliente, única, irrepetible. Quería estar donde pasaban las cosas. Quería que mi esfuerzo valiera. Quería entender esa parte del discurso que dice
-No, lo que pasa que ustedes no se dan cuenta que si usan el google y el caché memory se pierden lo que pasa en la vida real, están todo el día en la compu y se olvidan de relacionarse entre ustedes... (preguntále a Quintín que leyó de un papel y no se corrió un caracter de los 4000 que pasó a mano)
Quería entender por qué era tan grosso Fogwill.
Quería que alguien se lo discutiera.
Quería... no sé... quería...
Quería demasiado... eso pasó.
Pobre viejo, no le queda mucho y ustedes teniéndole miedo.
Cagones.