jueves, febrero 07, 2008

Carta al Panza

¿Qué hacés, Panza? Mirá, yo acá volviendo, vistes. Está todo aguachento por acá. Buenos Aires es una mierda de humedad... igual, Panza, te digo una cosa: tengo que salir a correr o eso me dijeron. Sí, un garrón. Mi polola se queja de la panza que tengo, Panza. Estoy hecho un lechón. Hasta mis amigos lechones se quejan "no sos el mismo de antes", dicen. "Qué topus", siempre contesto pero tienen razón; los quilos que traje arriba del cinturón hasta en el Cristo Redentor me los revisaron. Viste que no se puede entrar alimentos ni animales al país... poco más y me acuestan en la cinta. Garrón.
Ah, cierto, estuve de viaje, por eso no te contesté los llamados ni los imeils. Tengo que verte porque estoy medio ansioso. Celoso también. La polola está yendo a un lugar lleno de Adonis, man. Te juro, me da una bronca... ya se dio cuenta. Igual no puedo ser tan pelotudo.
Te decía, me fui de viaje. ¿Te acordás de los borrachos que fuimos a Neuquén el 2006? Bueno, repetimos. Estuvimos ahí más borrachos que antes. Yo me fumé hasta las ramas del albergue donde paramos. Te juro, otra vez no me engranaba. Bah, vos sabés, me tuviste que bancar a la vuelta. Histérica estaba. Pero esta vez no, me puse las pilas y me llevé como 50 gramos de troncho. Hecho una seda. Todo Neuquén.
Ahí estuve hasta el 8 de enero. Mucho quilombo y calor. Armamos un descontrol que no tiene nombre. Dicen que repetimos el 2008. Vamos a ver. Veníte, boludo, te va a gustar. Sale un huevo, eso sí, pero tenemos de todo allá, nos re bancan.
De ahí me fui a Mendoza, ¿te acordás de Souto? Ese que estuvo con nosotros en la desaparecida Agrupación de Escritores Independientes. Bah, vos te hiciste la Britney al toque y te quedaste en Paler Mogólico vendiendo en la Cortázar. Sos un gil, esa te la perdiste.
Bueh, ¿te acordás o no, Panza?
Me alojó en su casa. Un capo. Estuve de albañil. Sí, sí, chiste fácil, ya se. Bueh, pero es cierto, bolazo. Y me prestaron una bici y me pasearon por todo Mendoza capital en el autito que manejaba Griselda. Sí, la que me crucé en el 5 una vez, ¡si te conté, Panza! Lo estuve manejando también: un 504 más duro que la mierda. Pero un fierro y diesel encima. Un día hicimos como 100 km y ni se notó.
Estaba al toque de Chile, Panza. Así que por 100 points me fuivine a Chile. En Chile la zafé gracias a Moret. A ella no la conocés. Si un día venís al Pacha, puto, que siempre te invito; por ahí la ves. ¿Por qué no venís cuando te invito? Sos un puto, eso es lo que sos.
Sigo.
Estuve en Santiago, dos días, después me fui a Valparaíso auspiciado por Enrique Winter y Jorge Polanco. Dos grossos. Así del palo. Jorge es casi como vos, Panza. Un copado. Además la tiene clarísima. De carrete en carrete, no sabés. Ah, carrete es parranda. Che, estoy armando una crónica, después revisala, puto. A ver si te instruís un poco.
De Valparaíso me enamoré. Sí, suena re topu pero es cierto. La verdad que quiero volver. Hace falta un billete, Panza. Si seguís por Almagro te paso a visitar y te muestro las fotos: vas a querer cambiar tus pasajes. Brasil es una mierda, no vayas. Valpo la rompe. O andá después cuando esté mais baratinho. Los brasileros son todos putos, nos ganan siempre. Lo único que tiene de bueno son sus mujeres pero yo de esto ya no puedo hablar, vistes.
Ay, sí, me la doy de superado, y qué gordo de mierda.
Nah, mentira. Andá a donde quieras. Yo que se qué onda Brasil si nunca me subí a un avión. Encima a Chile fui en micro. Un viajazo. Las montañas me pueden loco. Es... es... no se... inexplicable. Ver una montaña me ponía la piel de gallina... una atrás de la otra.
Bueno, bueno, la sigo. De Valparaíso me fui a Viña del Mar una tarde. A la Feria del Libro. Bien, lindo, coquetón. Lo más careta que vi de Chile. Medio gareca, también. ¿Gareca? Mezcla de Garca y Careta; invento del Fede.
Después estuve en la Feria del Libro de Olmué. Muy gracioso. Eran 4 stands, man. Y las lecturas... por dió... bueh, después te cuento. Lindo Olmué. Rural. En la plaza central, en lugar de pasear en los cartings a pedal, como acá en el Parque Centenario (o en bici, ponele), ellos te prestaban un caballo que le daba la vuelta a la plaza. Un embooooole. No, no, yo miraba, ni en pedo me subo. Tengo tanto culo que por ahí me agarro uno con la rabia y me sacude que no cuento el cuento.

Bueno, eso. Después me vine todo de vuelta por donde me fui. En Santiago, a la vuelta, me quedé en casa del Guido Arroyo. Un bocho el pendejo. Le decía el Levín de Santiago. Cuando se conozcan hacen chispas estos dos. Nada, 21 creo que tiene... un soretito. Pero es editor y bla.
Ah, te traje unos vinos. Y podemos probar Absenta, ¿conocés? ¿Qué vas a conocer? A vos de la birra no te saca nadie. Está bueno. Todo de Mendoza. A ver si te venís por casa, puto. Tengo pisco también... pero ese duele más.


Te mando un abrazo.
Saludos a tu vieja.
¿Sigue amasando los ñoquis?
Invitame un domingo, puto. Con todo lo que gasté allá voy a tener que comer de arriba todo febrero. Igual, mejor que no coma tanto... vine con una panza, Panza.
Chau.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es buenísimo!! Y yo que me quemé las pestañas intentando leer Moby Dick (un pajero...) Felicitaciones!