viernes, abril 04, 2008

Pis de elefantes


Cuando me acosté arriba de la almohada sentí el crujir de la cucaracha. Un especímen bastante importante. Hacía un calor insoportable que se unió al asco que me dio darme cuenta que sí, era una cucaracha. Me levanté y, con una cuchara haciendo de espátula, despegué el insecto de la tela. Saqué la funda de la almohada y la envolví en un rollo que metí en el lavarropa. Tiré un poco de jabón en polvo y cuando me doy vuelta para enchufar el aparato, siento una cosquilla picosa en la planta del pie y el crujido previo a la humedad del pus del bicho. Otra cucaracha. Jamás había pisado una cucaracha y contra todos los pronósticos, no me disgustó... es más...
Levanté el pie y lo apoyé en el bidet. Salía agua fría así que esperé. Habrían pasado treinta segundos cuando sentí, en la nuca, creo que la cuarta o quinta vértebra, una ligera picazón que me puso los pelos de punta y me obligó a erguirme de golpe: una cucaracha cayó del techo y se depositó en mi columna vertebral hasta que, en el violento giro que hice, salió volando y pude ver cómo se apoyaba en el borde de la bañera. Con una torpeza sin precedentes, saqué el pie del bidet y lo apunté a la frente de la cucaracha con tanta mala suerte que al apoyar en el borde de la bañera, mi pie apenas húmedo, resbalé y mi cuerpo, debido al envión, levantó vuelo con el pecho apuntando al cielo humedecido y caí de espaldas en la baldosa refrescante.
Perdí el conocimiento pero después, un ratito después; me morí.



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una idea de Fede T
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2 comentarios:

celeste dijo...

La de morirse es cualquiera, Funes.
Hubieras llenado la bañera de cucarachas...

Funes dijo...

matar al personaje, al final, es una sutil manera de explicar que no supe cómo terminar el texto

bsss