jueves, marzo 20, 2008

Otra vez sopa


Llegué temprano así que fui a la "tienda MALBA store" (pregunto ¿tienda y store no son lo mismo?). Todo muy bonito, todo bastante inútil, pura decoración. Revistas de arte y percheros lo único que me llamó la atención, por su originalidad y simpleza. Después todo un poco mogólico.
Bajé al subsuelo donde están los libros. Esa cueva debería ser mejor monitoreada. Los libros que tiene son lo más. En ese contexto, hasta las postales gratis elevan su calidad y da ganas de echarse un polvo estético en los sillones de lectura.
-Bueno... hay trabajo... digamos, a veces no hay trabajo... si no querés trabajar podés venir... tenés la compu con internet... es un poco aburrido... si querés trabajar, se puede.
El pibe de anteojos y remera tipo yo viví de una beca en Nueva York, suckers, le explicaba a "la nueva" sobre su futuro trabajo en la librería. En voz alta explicaba muchas cosas a los potenciales compradores y yo entendía un poco más este aburrido lugar (parezco una vieja puta de barrio norte). Es igual que en el Purgatorio, pensé. Joya.

Algún cráneo, de esos que se la pasan tomando merca en los baños del Renó Restó de al lado pensó que lo mejor era saber cuánta gente vendría y, sin aviso previo, nos hicieron hacer la fila hasta que adivinamos que te daban una entrada sin la cuál no podías presenciar la charla presentación. Man, ni que fuera Dylan.
En la fila hice otro retrato de Francisca... como pude. A dos pasos, apoyada en una columna, había una morocha castaña oscura o algo así, de un metro ochenta, por lo menos, y musculosa verde. Tenía unas tetas... pero unas tetas... unas tetas que hubieran acabado con el hambre en todo mi hermoso Tucumán si nos decidíamos a atarla de pies y manos y atacarla al grito de "¡llévenla al tambo! ¡¡llévenla al tambo!!" Unas tetas que de competir en cualquier reef serían como Fangio, Messi, Nalbandián y el Taiguer Buds juntos. Una cosa escandalosa. Una cosa... una cosa... ¡ilegal! Inasible, impresionante, inabarcable. La musculosa verde (otro insulto a la sutileza) parecía a punto de ceder. Un recuerdo imborrable, perverso y, ahora que lo escribo, para nada placentero.
plim plim plim plim... Guillermo
Entramos 18.37 hs
Yo te dije que iba a ser puntual... la entrada. Porque dieron sala enseguida. Pero para que empiece falta un rato. Hasta ahora vi al puto de Jara, la encantadora Anita (estan en la primera fila - segunda, en realidad, la primera la anularon por temor a que las fans de Fogwill entren en colapso nervioso e histérico y derrumben la jarra de vidrio con agua y todo), Fernando Aita, Alejo el fotógrafo y Esteban Schmidt.
El libro a 56 points. ¡Mamá!
Ojo, tiene pinta eso sí; bien porongudo, bien Fogwill.
Miro y cuento las filas que me alejan del escenario: son como diez. Estoy detrás de la cámara de video que registarará casi todo el evento. Al precio que está el libro, esto es lo más cerca que voy a estar de los libros de la guerra. Un boludo, podría haber ido con Jara.
Hace mil años había venido a otra charla, aquella vez sobre revistas culturales, y lo había dibujado al entonces Horacio Gonzalez para mí desconocido. Hoy lo veo, ahí, un poco frágil, un poco dubitativo... ¡estás igual, Horacio!
Gran hermano
A Fogwill, apenas empezó la charla, le chupó tres huevos lo que dijeron González y Quintín. Bah, estoy exagerando. ¿Por qué exagero tanto?, me pregunta mi polola a veces. Porque es divertido, ¿no? ¿Sabés por qué exagero? Porque Quique estuvo toda la charla viendo cuántos famosos había en la sala y apenas tenía la palabra agradecía que estuvieran allí. Un guacho, no la nombró a Liliana Herrero... solo dijo; vos, sos una folclorista. Bueno, ¿pero qué famosos estaban? Dárgelos. Estaba Dárgelos. Había un juez que una época fue conocido, no pude retener el nombre lo suficiente para anotarlo. Estuvo el Ministro de Cultura de no se qué garcha... y estuvo, a mi lado toda la charla, el señor Fito Paez. ¡Qué olor a chivo tiene Fito Paez, viejo! Con todo lo que levantó con El amor después del amor podría haberse comprado algo de perfume, ¿no? Así cualquiera es famoso, viejo. Y claro, todos pero todos, volteando a cada nombre que Enrique tiraba. Algunos perdieron la vida, desnucados por ver ese rostro conocido.
Otra vez sopa
¿A qué fui a la presentación del libro? Digo, porque me la paso de presentación en presentación, de lectura en lectura. ¿Qué había de bueno en esa? *) Iba a conocer a Quintín. *) Iba a ver cómo respondía Fogwill a los argumentos de Link. *) Iba a aprovechar que lo tenía a Link para hacerle mil preguntas. *) Iba a escucharla otra vez a María Pía López. Y claro, también *) Iba a ver qué gansada decía Quique.
No pude hacer nada de lo que había pensado que iba a hacer. Primero porque Quique no dijo ninguna gansada. De entrada me di cuenta que se iba a amoldar. No se, te das cuenta. Cómo presenta a los que presenta. Cómo les presta atención. Cómo les contesta. Estaba más interesado en que llegara la parte en la que se come un bife con amigos y se cuelgan a charlar de sobremesa de las mil y una noches... qué se yo. Estaba de muy particular buen ánimo pero no para la presentación. Lo viví como un trámite para él. Y una pérdida de tiempo para mí.
¿Qué esperaba? ¿Que de los quichicientos periodistas culturales alguno hiciera alguna pregunta? El único que hizo las preguntas fue un pendejo que hartó a Fogwill ("y... basta de preguntas para el chico de la remera negra") pero que era el único que se animaba. ¿Qué le tienen; miedo? ¿Para qué mierda se llenan la boca de lo jodido y polémico que es Fogwill si no se animan a polemizar?
-No, mirá, es lo que dicen... yo escribo lo que dicen... se dice que Fogwill es polémico... se dice que tiene algo que decir... se dice que sabe... se dice...
Embola.
En serio, un embole padre.
Encima, Rojas estuvo ahí. Me cagó la exclusiva. Quería que no vaya y que me llamara para pedirme algún dato tipo Gritos y susurros. Pero no, el guacho fue. Sí, sí; hizo una pregunta... pero no se le cachó una verga. Entre el tartamudaje y la inhibición que le causaba el auditorio lleno, yo también me estaría haciendo pis encima, apenas se le entendió el final de la pregunta.
¿Y qué podía preguntarle yo? Apenas si leí un par de cuentos, me debo todos sus libros y me cae como el culo. No, no... qué le voy a preguntar. Para eso estaba Link. Daniel Link. Un tipo inteligente, un tipo que sabe, un tipo que entiende lo que dice Enrique.
Un despropósito
Y así estamos, ¿no? Esperando que otros hagan las cosas. Esperando que un viejardo que en todas las reseñas que leí sobre su libro, dicen que escribió los mejores textos de los últimos treinta años nos diga qué hacer. ¿Tan mal estamos? ¿Tan poronga es todo? No voy a negar que lo de Fogwill es muy bueno pero ¿nadie más dijo nada interesante? ¿Y para qué mierda nos llenamos la boca, entonces?
Me cansó.
Te juro. Te juro que me cansó.
Y lo peor peor de todo. Lo peor de los peores fue que me cagué mojando... y esperaba mojarme, eh, sabía que iba a llover, pero esperaba estar recontra caliente... que me hierva la sangre por haber estado ahí porque "había que estar ahí" y ser testigo de una discusión caliente, única, irrepetible. Quería estar donde pasaban las cosas. Quería que mi esfuerzo valiera. Quería entender esa parte del discurso que dice
-No, lo que pasa que ustedes no se dan cuenta que si usan el google y el caché memory se pierden lo que pasa en la vida real, están todo el día en la compu y se olvidan de relacionarse entre ustedes... (preguntále a Quintín que leyó de un papel y no se corrió un caracter de los 4000 que pasó a mano)
Quería entender por qué era tan grosso Fogwill.
Quería que alguien se lo discutiera.
Quería... no sé... quería...
Quería demasiado... eso pasó.
Pobre viejo, no le queda mucho y ustedes teniéndole miedo.
Cagones.

7 comentarios:

APG dijo...

Mirá vos, estuvimos a una fila de distancia. De haberlo sabido...

A Fogwill se lo hubiera disfrutado más en la mesa de un bar.
Me gustó Horacio. Lo que leyó Q (aunque no lo percibí en el momento sino al leerlo el domingo en Perfil)está muy bien.

saludos,
andrea

Agustín j Valle dijo...

Che y vos por qué no dijiste nada, Funesto? Te juro, pero te juro, que te lo hubiera agradecido tanto como una sonrisa de la de verde.

Choripanero dijo...

Funex:

Una crónica escelente!

Somo todo una manga de cagones, ninguno le preguntamo nada al Quique.

Igual fue masomeno entretenido.

Yo llegué tarde y me fuí rápido.

Pero había que estar y fuimo.
Si é lindo la cultura!

Choripanero.

Funes dijo...

¿Y qué podía preguntarle yo? Apenas si leí un par de cuentos, me debo todos sus libros y me cae como el culo. No, no... qué le voy a preguntar. Para eso estaba Link. Daniel Link. Un tipo inteligente, un tipo que sabe, un tipo que entiende lo que dice Enrique...

yo iba a buscar a Link...

Funes dijo...

Gracias, choripanero.
Fue entretenido... si quitabas esos baches de grillitos que duraban sus dos minutos por reloj...

Funes dijo...

APG,
ese es el problema... si a un autor lo vas a tener que leer porque escucharlo se complica, entonces, que no vaya, que de entrada diga: no, che, a mí no se me entiende, mando el texto que lo lea otro
y listo; no se lo anuncia y uno no va esperando un poco de actividad cerebral...

mauro m. dijo...

Yo soy el pendejo que hartó a Fogwill!

saludos!
(me siento como si hubiera salido en la tele)