lunes, agosto 18, 2008

Columna semanal


A Oscar Tiano

Si yo tuviera una columna semanal en un diario, escribiría sobre mi sábado. Mi último sábado como pivot para pensar algunas cosas interesantes o trágicas.
Si yo tuviera una columna semanal en un diario me hubiera puesto, debido a este sábado, un poco críptico, intimista, un poco maricón y severo conmigo mismo. Pero no tengo una columna semanal en un diario ni tampoco tengo una columna semanal en una revista ni mucho menos en una página web.
Tengo un blog.
Y hago lo que puedo desde el blog. No se trata de columnas ni algo por el estilo. Se trata de ayudar a algunos escritores que se promocionan con el mail como única herramienta y también se trata de promocionar todas las cosas locas que hago. Algunas son locas y otras son “tantas”. A veces me acuerdo del dicho del que mucho abarca y poco aprieta y me quedo un poco en orsai, un poco críptico, un poco maricón. Después me acuerdo de mi propio slogan, uno que adapté hace mucho tiempo, cuando estaba soltero y era tan egoísta que hasta mis amigos me evitaban: voy a triunfar por prepotencia de trabajo.
Y fue así, nomás. Me puse manos a la obra y hasta no bajar todos los muñecos que se me pusieran en la mira, no paré. Dije, no voy a parar hasta comprarle la casa a Paulo Coelho. ¿Alguno vio una foto de su casa? Es una bestialidad. Le tengo que comprar la casa cuando esté a punto de morirse. Eso pensé. Si le compro la casa, si llego hasta ahí, podré decir que lo he logrado.
Ahora me pregunto, después de mi enquilombado sábado; ¿qué es lo que habré logrado? ¿Qué quiero? ¿Qué busco o para qué? Ninguna respuesta se puede escribir en este blog ni en mi columna semanal en un diario o página web. Por suerte o por desgracia no tengo la cola limpia como algunos que se la pasan diciendo que la tienen limpia. Escondo varios muertos en el placard y cada tanto lleno mi living de gente para sufrir y sufrir mientras esa misma gente se pasea copa en mano mirando la cerradurita del placard en donde guardo mis muertos.
No tengo miedo de tener que abrir ese placard y que se pudra todo. Creo que a los efectos de “triunfar” hasta sería recomendable. Si fuera agente literario o representante de actores, recomendaría a mis artistas que cada tanto armen un escándalo para la prensa. O para la gilada. Lo mismo da. La prensa tiene que vender más allá del Taller con García Márquez en Aracataca. La prensa se escribe en un papel que se vende. La delgada línea roja que divide a los escritores que hacen periodismo de los escritores que matan tigres o de los que pagan el alquiler del depto con mierdas en un medio de comunicación es más delgada y más roja de lo que la mamá de cada uno de esos escritores pueda llegar a creer jamás.

-Quién. ¿Mi hijo? Jamás, no sería capaz de semejante irrespetuosidad.

Ay, mamás. Qué lindo tenerlas cerca. Que su mirada o su caricia te lave la culpa. Pero si soy lo más lindo que te pasó en la vida, vieja.
Encuesta
Si vos fueras mamá, hasta cuánto bancarías a tu hijo que acaba
de asesinar a una veintena de pibes en un atentado en un colegio.
Quiso comprarse un auto y no le alcanzó la plata así que lo robó.
Mamá; ¿qué tan mamá serías?
Entonces, mi columna semanal.
El sábado juego al fútbol.
Me gusta cansarme y sentir que mi cuerpo va envejeciendo. Estoy tan cebado durante tanto tiempo en la semana que apenas si me doy cuenta de que las canas que tengo en la cabeza no solo representan mi mala sangre por las cosas que no hago bien sino que también borran los almanaques. Mi sangre también envejece. Y me doy cuenta apenas la hiervo. Ya no me enojo como antes. Estoy más cansado. Ojo, para los impresionables y sensibles, no estoy bajando los brazos, solo me estoy adaptando a la situación que me toca vivir ahora. Porque siempre hice eso, más que crear mi ambiente o manipular lo que me rodeaba me adaptaba, más bien, a lo que se me imponía delante de mis narices. Eso a veces está bien, otras no tanto. Pero no vamos a juzgar. Vamos a contar mi sábado.
Después de ver varios eventos históricos en Pekín en el marco de los Juegos Olímpicos 2008 me dispuse ir a mi sesión semanal de fútbol. Cuando llegué a la canchita, allá lejos y hace tiempo como podemos decirle al Pinocho, estaban jugando unos viejos contra unos pibes. Dos equipos, cada uno representando a la misma institución que allá se le dice Lanari. Es un instituto de salud y experimentación en medicina de avanzada. Ojo, avanzada para la UBA y avanzada para este Tercer Mundo loco en el que nos toca pagar el alquiler.
Entonces, eso, una institución de la UBA tiene dos equipos que lo representan.
Debido a los gritos de la hinchada y la mala leche de algunos jugadores, el partido se fue caldeando como si estuviera a fuego lento. No es la primera vez que pasa y uno, en estos casos, ya se prepara para algunas cosas: expulsiones de jugadores, piñas, empujones de mala fe, patadas que pueden terminar en fracturas o dislocamientos y una serie de etcéteras que pueden poner la piel de gallina al más guapito.
Ese torneo, además, es así de violento y cabeza. Cuando un partido se caldea empieza a subir la temperatura del termómetro hasta que el mercurio vuela por los aires.
Lo más gracioso es que ninguno de los dos había tenido jugadas tan claras como parar abrir el marcador por lo que hasta ese momento era un pintoresco partido de fútbol en el que se gritaba más de lo que se jugaba al fútbol. Algo previsible.
Hasta el primer gol. Algo previsible hasta el primer gol.
Faltando apenas 5 minutos para que termine el primer tiempo, uno de los equipos logró una jugada fenomenal en la que una serie de 15 pases dejaron a dos jugadores a solas con el arquero al que volvieron loco a la vista del resto del equipo que no tenía el ánimo para defender y apenas pudo ver cómo le hacían ese gol de circo, de Globertrotters. La hinchada estalló en gritos y cargadas para los viejitos.
Toda la gente que miraba aplaudió.
Se terminaba el primer tiempo y se podía gozar en el entre tiempo a los contrarios durante 15 minutos de descanso.
Pero no pudimos llegar a ver el descanso y los gritos de reclamo en uno de los equipos o las felicitaciones al goleador en el otro. No. No llegamos a ver eso porque en el instante mismo en el que se estaba por sacar la pelota del medio de la cancha para continuar con esos 5 minutos que aun restaban del primer tiempo, uno de los “viejos” del equipo que perdía se cayó al piso sin que nadie le tocara un pelo. Se desmayó. Se oyó un pequeño golpe como si le hubieran puesto un cachetazo y se desmayó. Era el más sucio de los jugadores. El que más gritaba. El que más pegaba. Era el único de los jugadores que había recibido una tarjeta amarilla en su equipo y que había exigido la buena fe del árbitro quien le perdonó expulsarlo en otro par de jugadas peligrosas para la integridad física de sus contrincantes.
El tipo que se desmayó tenía la camiseta número cinco en la espalda. De eso me acuerdo porque su espalda quedó mirando hacia donde estaba parado con mis amigos con quienes comentamos lo extraño de la situación. Yo, que no había visto el momento justo de la caída, sospechaba que alguien le había pegado o que estaba tratando de simular que alguien le había pegado para que el árbitro sacara una amarilla o, en el mejor de los casos, una roja para un jugador contrario.
Pasaron diez minutos durante los cuales el número cinco estuvo boca arriba con veinte tipos en cuero alrededor sacudiendo sus camisetas para airear lo que hasta ese momento parecía una descompensación y un ligero desmayo.
Pasados los quince minutos del número cinco boca arriba ya se podía distinguir cómo le hacían respiración boca a boca ya que habían desalojado la cancha y dos o tres personas que se supone tenían experiencia médica lo estaban atendiendo como si fuera la guardia de un hospital. Uno trajo unas diez pajitas de plástico porque se intentó improvisar una traqueotomía. Otros dos se agarraban la cabeza y se arrancaban los pelos sin vergüenza, sin entender. Otros tres llamaban de sus celulares pero a estos no les podía oír la voz. Lo único que se oía era un murmullo ensoñador, el mantra de la ambulancia ausente, que las 60 personas alrededor de la cancha se habían unido para cantar. Un mantra doloroso y tristón.
Treinta y cinco minutos después, el número cinco arrugó los deditos de sus pies y se murió. Por si te quedaban dudas había cinco personas gritando y llorando que no podía ser, que hay que probar con adrenalina, que traigan una ambulancia, carajo…
Aun así, se murió.
Y nosotros nos quedamos mirando su panza hinchada de tanto aire que le metieron para hacerlo respirar y que, después de muerto, no había podido espirar. No nos pudimos mirar a los ojos. Tampoco hablamos de lo que estaba pasando. De repente alguien tenía el auto roto, su mujer era una insoportable o le dolía pagar un aire acondicionado tan caro. Ninguno de nosotros hablaba de lo que estaba pasando frente a nuestras narices.
Un tipo se murió de la bronca y nosotros nos teníamos que ir. Porque era sábado y había que salir, bañados, para festejar el cumpleaños de una amiga.
El tipo se murió y todavía no me lo puedo sacar de la cabeza.

8 comentarios:

lucrecia martel dijo...

funes ya van muchos posts con tus interminables mambos pre 30.
sentate en tu casa, tranca, prendete uno, deja de figurar con los escritores que te sacan años luz de clase (no en el sentido marxista),..-me entendes litrechear-
ok en que estabamos?, ahh sisi, te sentas y empezas a escribir un libro despues de meses o años, buscas una editorial y vuala!!!!!
podras pasearte cual dandy en eterna cadencia.

beso

Funes dijo...

Lucrecia,
lo de los interminables posts es inevitable, qué queréi que le haga.
Por otro lado, tenés razón. Bah, estoy fumando más seguido en casa, tranca. Pero figurar con escritores que me llevan años luz no voy a dejar de hacerlo, eh. Digo, si figurar es jugar un fulbito o comer un asado. Ojo que no les quemo la gorra llevandole manuscritos o pidiendole opiniones sobre mis textos llorones pre 30. No señora, eso reconozcamelo. Yo hago la mía pero me clavo un tubo de vino con quién sea.

El libro lo empecé hace poco... un par de meses. No tengo miedo en tardar años, como bien dice Lucrecia... pero aguantesé estos años con estos posts que no le gustan o vuelva en un par de años. Total, tengo toda mi vida para escribir ese libro. A mí no me apura nadie.

¿Eterna Cadencia? Dicen que se toma bien ahí.

Saludos.

Chica dijo...

Eh, Funes
se escribe off side

Escriba como hombre.

M dijo...

BOAH, escribime ese cuento.

Anónimo dijo...

Genial Funes! Me gusta el estilo, mezcla relato introspectivo con historia melanco.
Ahora: no me diga que juega al fúchin con MT! Siga rodéandose del querido Terranova, mejor. Por lo menos no la juega de operador cultural.
Salud!

Funes dijo...

Quién es MT, amigx.
No entiendo el chiste. El fútbol se juega con jugadores de fútbol. Lo que hagan afuera de la cancha es responsabilidad de ellos, no mía. No mezcle las peras con las naranjas.

Salud?
Gracias, la necesito.

Abz
Y de paso... quién es usté?

Anónimo dijo...

estas usando la muerte de oscar para promocionarte? sos un pelotudo

Funes dijo...

no se quién sos
pero lo que decís
no tiene nada que ver con nada

promocionarme?
no sabés quién soy

el pelotudo sos vos

cuidate
porque si te agarro
te reviento el alma, forro