martes, agosto 12, 2008

Otra que el ajedrez

En las inscripciones
del Purgatorio

Una vez me tocó entrevistar a los futuros alumnos del Purgatorio. Tenía que sentarme en la mesa de Orientación y esperar sus dudas. Para eso, una tarea ardua, había llevado Madame Bovary. En la misma mesa le tocó nivelar al señor Franklin Bassarsky. Esto dice de Franklin Asato:

Me fuí de la Asociación Argentina de Go, con una sensación de haber entrevistado a una persona que ha tenido constancia y dedicación. Quien transmite con humildad, ganas de aprender día a día (para luego transmitir y enseñar) todo aquello que a partir del GO ha conseguido. Con el deseo de que sus alumnos puedan disfrutar, crecer y conseguir logros como personas, como parte de una Asociación y como parte de una Comunidad.

Charlamos durante las 3 horas que le tocó nivelar para el curso que da en la Institución: Introducción al Go. No fue nadie. Pero se dio una charla muy interesante. Realmente es un groso este muchacho. Y me contó una muy buena.
Resulta que Franklin estuvo en Japón varias veces, como amateur jugador del Go (es un juego de estrategia que en Oriente tiene la relevancia del ajedrez, hay jugadores de Go que cobran millones como profesionales) y estuvimos discutiendo sobre la importancia de la cultura en este país en relación a la cultura del Japón.
- ¿Y qué fue lo que más te sorprendió de todo? - pregunté un poco entusiasmado.
- Hay pequeñas diferencias - me dijo luego de pensar un rato - porque no hay tanto para resaltar. Es en la cotidianeidad donde se ven las diferencias.
- En el día a día - creí entender.
- Sí, sí. Mirá, un día estaba en el hotel refugiándome de una lluvia torrencial. El cielo se había destapado y el agua caía a baldazos - decía levantando esos brazos largos que tiene - y me asomé por la ventana y vi a un tipo de traje, levantándose la solapa de manera que le cubriera el cuello, firme junto al semáforo. Firme. Parado. Estaba a punto de cruzar la calle, en la vereda, abajo de la lluvia torrencial y sin paraguas. Te digo, caía a baldazos el agua y el tipo sin paraguas. Miré a los costados y no venía ningún auto en ninguno de los dos sentidos.
- Un caso raro - acoté.
- ¿Raro? ¿Sabés que esperaba? Que el semáforo lo habilitara a cruzar.

Hubo más charla. Porque estuvo en varios países de Oriente. También averigué qué tan importante es el Go. El Go para Franklin Bassarsky. El Go en la Argentina.
- Al final no vino nadie a orientarse por mi curso - me dijo tomando su maletín y estirando su mano mientras se abrigaba.
- Franklin - dije estrechando su diestra - durante dos horas me orientaste a mí.
Se fue con una sonrisa.



*

2 comentarios:

Cassandra Cross dijo...

El Go siempre me causó una intriga enorme. Las primeras referencia que encontré sobre el juego fueron en una película, "El sabor del té" (recomendadísima); luego en "PI" (Darren Aronofsky. también recomendadísima) y en un cuento maravilloso de Robert Silverberg.
Ayer, en Menéame, comentaban una noticia sobre un programa de computadora, el MoGo, que venció a un jugador profesional.
Y hoy estoy leyendo tu blog.

Me encantó este texto.

Saludazos.

Funes dijo...

¿El mundo es un pañuelo?

Gracias, querida.
Slds(oz)