jueves, agosto 21, 2008

Anecdotario

A Orsai, entre otros

Escribir una anécdota no es fácil. Contar lo que para uno fue divertido, triste o excitante no es para nada una papa. Creo que por eso tiene tanta mala fama la anécdota.

-¿Una anécdota? Escribí un cuento y dejate de pavadas, querés.

¿Por qué es tan difícil? Porque la mayoría de las anécdotas le importan al que las cuenta y nada más. Porque escribir que te cruzaste con Don Johnson, en el baño del Sheraton, un domingo a la tarde que justo habías pensado tengo que conocer este hotel de mierda del que todo el mundo habla y que miraste por encima del saco blanco y descubriste el pequeño bebé de dinosaurio que te hizo perderte la sonrisa sobradora del tipo más admirado y garchable de los años ´80 no le importa a nadie. De verdad, no le importa a nadie.
Es difícil transmitir lo que te genera. Para contagiarte lo que sintió ese tipo en el baño (que vamos a ponerle que no era yo) tiene que haber un DSM 4 de todas las veces que se me paró el corazón cuando asomaba el jopo detrás del chumbo que me helaba la sangre. O tenés que leer mi manual de sadomasoporno en el que cuento por qúe me gustaba tanto Don Johnson. Esa lista de cosas, de gustos y de anécdotas satélite; aburre. Mucho. A mí, que las viví... perdón, al pibe del baño, que las vivió, le aburre tener que recordar cada una de esas mini anécdotas al momento de contarte lo importante que fue para él haber estado presente junto al especímen de actor.

Hay escritores que logran hacerte entender una anécdota en su entera dimensión. Porque te lo explican sin que te des cuenta de que te lo están explicando. Y eso es difícil.

Contamos anécdotas porque nos parece más divertido. Pero no es fácil. Es como contar un chiste en esloveno, si no sabés el idioma, no tiene gracia. Algunos escritores son políglotas y te transforman cualquier estupidez en un gran texto.

Y eso, en mi mundo, es envidiable.


*

2 comentarios:

Cassandra Cross dijo...

Vivimos en mundos parecidos, Funes.
Pocas cosas son más disfrutables que una anécdota bien contada.

Salud!

Funes dijo...

Pocas cosas... un buen asado de por medio no viene mal, eh.